Consejos y avisos

17/1/20

La casa de Daniel vista por Conde Corbal



La casa de Daniel vista por José Conde Corbal

   Hace tiempo  que cuento con la amistad y conocimientos de Daniel Bouzo, quien se ha convertido en un buen colaborador de OurensenoTempo; en ocasiones es él mismo quien protagoniza el artículo, no en vano fue uno de nuestros más activos representantes en el panorama  musical nacional; en otras ocasiones me presta fotografías de su colección que nos ayudan a recordar el Ourense de su generación (y anterior); en esta ocasión Daniel nos presta: su casa.

      Bueno aun a sabiendas de su generosidad, no se trata exactamente de eso; lo que nos presta es este dibujo que al igual que una buena fotografía le sirve para recordar la que fue su casa en la calle Santo domingo durante una etapa de su vida.   El grabado forma parte de la serie que Conde Corbal realizó para aquella excelente colección de la  que don Vicente Risco, haciendo gala de su amistad y buen humor, presumía de ser su “pedicuro”, (por aquello de que le escribía los pies a los grabados). No he conseguido que me lo confirmaran, pero tengo la impresión de que realmente este grabado es uno de los que a modo de revisión realizó don  José en los años setenta, y se utilizaron para el conocido libro recopilatorio que en el 81 sacó a la calle la Diputación Ourensana. (En el aparece a pequeño tamaño y sin comentario, en las últimas páginas).


Santo Domingo 57, en sus últimos días, en el 78?? Desapareció para dejar paso a un edificio anexo al “Viacambre”  obra del arquitecto Juan Rodríguez de la Cruz (foto AHPOu)

   La casa supongo que la recordareis todos los que rondáis los cuarenta, incluso puede que algunos más jóvenes,  ese balcón de madera llamaba la atención por su tamaño y por qué se había quedado prácticamente solo en la ciudad como representante de la arquitectura popular Ourensana, (queda en el cruce de la Plaza Mayor con lamas Carvajal, Avda. de Pontevedra otro mucho más pequeño y disimulado y por el centro histórico, Turco, Colon, algún ejemplo mas), aquella arquitectura que se consideró incómoda para ciertos actos públicos como procesiones y desfiles. En algunas calles los balcones de las casas, casi se tocaban de una acera a otra.
   Volviendo a la casa de Santo Domingo 57, que es como la llama Daniel. Encuentro una referencia a ella (o a una muy próxima), que me habla de un taller de carpintero al estilo del que tenía la familia de mi entrañable amigo Ernesto Ferro en Paz Novoa, un gran caserón, en el que la planta baja la ocupaba un taller, vivienda en el piso superior y un amplio terreno destinado a huerto, jardín etc. alrededor.  En los inicios de su etapa Ourensana, parece ser que don Manuel Malingre Parmentier, fue quien habitó la casa, y desde luego podría ser perfectamente, ya que así estaría cerca de la que fue su primera fundición, (de la que aún hoy se intenta averiguar cuál fue su ubicación exacta, si donde está el INSS, o aprox. donde están las Galerías que unen San Lázaro con Valle Inclán; son las opciones barajadas).
   Tengo dos fotografías que no he conseguido ubicar, pero que tienen muchas probabilidades de haberse tomado en la huerta de esa casa; una me la presto Francisco Méndez, (de los Méndez Montoto) y muestra una reunión de amigos en la que entre otros esta Amador Villar, al menos dos integrantes de la familia García, un Méndez, un Malingre y unos cuantos representantes más de la sociedad Ourensana;


     Reunión de caballeros de la sociedad Ourensana en el patio de Santo Domingo 57 a comienzos del siglo XX
  
      Y la otra es muy similar y muestra una reunión de la familia Malingre (circa años 40), es una de las pocas imágenes que tengo en la que aparece doña Augusta Lamas, hija de nuestro bardo don Valentín y matriarca de los Malingre. (Esta me la ha prestado Doña África Malingre).  
   El siguiente ocupante conocido, y ciertamente el único confirmado, es Daniel Bouzo con toda su familia. Y hoy en día en su lugar nos encontramos un edificio de viviendas que complementa las Galerías Viacambre. ¡Pero esa ya es otra historia!

16/1/20

Los "coches" por el Paseo


Fotógrafo Foto Gómez
Circa 1954
BPGF1954000520
Una empresa de paquetería en el Paseo
Papel fotográfico, Archivo Bienvenido Perez
  Detalles:  Preciosa la fotografía pero impensable a día de hoy. Bueno, poder por poder hoy tambien podrian pasear esos muchachos en su carromato con su corcel, ya que el Paseo es peatonal, pero quizás los ourensanos ya no estemos acostumbrados a la presencia de estos nobles "brutos" por la calle.
 Aprovechando esta fotografía os voy a contar una de mis "teimas": quienes me conocen saben que los animales me gustan casi todos, pero los perros en particular. También saben que no soporto la mala educación de sus dueños cuando sacan al animalito a pasear y se hacen los locos para no recoger sus "conguitos". 
    Pero hoy no va de eso el tema, aunque sea parecido. Desde hace mucho tiempo me preguntaba: ¿qué ocurría antiguamente cuando los caballos y bueyes (que por fotografias sabéis que también frecuentaban las calles de la ciudad arrastrando sus carros), necesitaban aliviarse en plena calle?.  Lógicamente no veo al carretero portando escoba y recogedor para hacerse cargo del presente, pero tampoco creo que se pudiera dejar aquello abandonado....
    El caso es que en una de mis últimas visitas a Granada pase por un precioso pueblo que está en las laderas de Sierra Nevada, donde por afición, continua siendo habitual la presencia de caballos y en dos ocasiones vi como señoras vestidas con su "batita" de casa y en zapatillas, armadas con un buen cepillo se afanaban en empujar los pasteles hacia los registros del alcantarillado;  pensé que esa era la respuesta a mi pregunta: los vecinos se encargaban de la limpieza, ¡solo a mi se me ocurre comentarselo a una de las señoras!. "Que bien organizado lo tienen, cada vecino se encarga de limpiarlo",  Si,si dijo la señora, la suerte es que cuando lo hizo no estaba yo por aquí, porque si no el cepillo ya le diré por donde se lo metia......

Así es que sigo sin saber quien es el responsable, ¿será el dueño.....?

    

15/1/20

NÓS polo profesor Monxardín, non o perdades

   
O 30 de outubro de 1920 saíu á luz unha publicación que ía converterse en alicerce do galeguismo.

    Este é o ano NÓS, (100 anos de existencia) e por iso Ourense pode gozar dun bo número de eventos culturais. A entrada de hoxe é pra recomendar a asistencia á que creo que é o primeiro destes actos:

       O profesor e investigador Afonso Vazquez-Monxardín Fernández dentro da habitual "Peza do mes" do museo arqueolóxico ourensano explicará como se xestionou a revista, achegando anécdotas e datos mais que interesantes.

Será hoxe mércores 15 ás 20.00 horas na sala de exposicións “Escolma de Escultura" de San Francisco (Ourense).
(Vaise quedar pequeña a sala....   

14/1/20

¿Donde era el desfile?, Ana Malingre

Original coloreado con Colourise

Fotógrafo Desconocido
Circa 1900????
AMDE1900000518
Esperando el desfile
Papel fotográfico, Archivo familia Malingre
  Detalles:  
    La amiga Ana Malingre cuando dispone de tiempo, le gusta revisar las viejas fotografías que atesora su familia, y os aseguro que muchas son autenticas joyas.
   El caso es que en ocasiones la identificación de personajes y la ubicación de la escena se hacen complicadas, como es el caso que hoy nos ocupa. 
    Por las vestimentas hacia finales del XIX comienzos del XX un grupo de niños y varios personajes, esperan en una grada improvisada la llegada de.... Si digo, y seguramente coincidiréis, la primera ubicación que se me ocurre, diría que es en la Alameda, al lado mismo del Obispado, y que lo esperado es uno de los desfiles de la batalla de flores; sin embargo al fijarme bien en las ventanas y balcones del edificio tengo que dudarlo. 
     Se me ocurre otra opción, como podría ser al lado mismo del edificio de la Diputación provincial, para lo que tendríamos que irnos hasta aprox 1880, cuando el edificio hoy Marcos Valcárcel se iba a construir, pudiendo ocupar las gradas su lugar.   
 Incluso he probado a  girar sobre su eje la fotografía (en demasiadas ocasiones el fotógrafo al revelar la placa se despistaba..), buscando la posibilidad de que el escenario fuera al lado de correos, a pesar de que las fechas ya lo harían difícil con ese vestuario. 
    
Como se que muchos de vosotros disfrutais dando vueltas a estos ejercicios, aquí os la dejo, si se os ocurre alguna solución ya sabéis mi mail, 
ourensenotempo@hotmail. com

13/1/20

La esquina del Parque, José Luis Ferreiro

Fotógrafo José Luis Ferreiro 
Circa 1984
JFFS1984000517
La esquina del Parque
Papel fotográfico, Archivo personal de José Luis Ferreiro
  Detalles:  No estaba previsto hacer entradas estos días, pero al retrasarse el articulo de la Región me sabe mal, dejaros sin fotografía.
    Hoy es el amigo Ferreiro quien me presta una imagen inédita, que el mismo  obtuvo en 1984,  de aquellas el conocido como edificio Docabo empezaba a surgir en la  esquina del parque; allí donde que yo recuerde mi generación "quedaba" frecuentemente, y hoy sigue manteniéndose la costumbre, ¡eso si!, antes se quedaba "donde Pepe el de la Ibense", y ahora "en el Carrabouxo"; casi da igual cualquiera de los dos son personajes imprescindibles de nuestra Auria. ¡bueno!, si, es cierto, Pepe era un poco más real, y de retranca por ahi te andaban.....
   El caso es que como no estaba prevista la entrada la hice a prisa y corriendo, para ver si vosotros me podeis aportar recuerdos, para avivarlos hay esta el rotulo de un negocio con solera, Radio Perez, Pocholo Silva tenia en su esquina la oficina de seguros, y si aguzamos la vista veremos un cartel publicitario de Rober. 

Os agradezco que compartáis vuestros recuerdos en el mail ourensenotempo@hotmail.com

10/1/20

Plaza del Olmo, Saco y Arce


Montaje fotográfico para ubicar el antiguo Teatro de la Plaza del Olmo.

Plaza del Olmo, Saco y Arce

    No voy a negar los méritos que atesora Don Juan Antonio “Saco y Arce” para que le honremos dedicándole una plaza de la ciudad, pero confieso que esta plaza del Ourense histórico tenía un nombre totalmente de mi agrado: Plaza del Olmo.
   Fue en 1894 cuando se decidió el cambio de nombre, aprovechando que se acababa de abrir la calle que conocemos como García Mosquera, y quizás queriendo reunir entorno al instituto a eruditos ourensanos. Padre Feijoo García Mosquera y Saco Y Arce, la idea finalmente se quedo en eso porque el Villar era intocable y al gran almirante Colon mejor no marearlo. 
Al margen del tema nombre, la plaza también ha tenido una interesante historia que el tiempo ha hecho olvidar. No me atrevo a fijar fecha, pero sin duda desde comienzos del siglo XIX (1820???), en la plaza existió un TEATRO que llego a convivir con el Principal; quizás ese fuera el motivo del nombre de “Principal”, el del Olmo seria el “secundario”, perdón por la “mala gracia”.  Sabido es que el Principal nació en 1830, y dato que si no conocéis os doy yo: en 1840 los propietarios de la Casa Teatro sita en la Plaza del Olmo 6 la vendían al mejor postro por medio del escribano don Antonio Méndez; después de un tiempo no veían manera de rentabilizarlo, y eso a pesar de que sus salones eran los escogidos por las autoridades locales para celebraciones, sirva como ejemplo la que en 1838 se organizó para festejar un hecho bélico durante la 1ª guerra Carlista, esta era la tarjeta de invitación oficial:  “El Gefe Político y el Comandante general de la Provincia, en unión del Ayuntamiento de esta capital, esperan que V. se sirva asistir al Baile que en celebridad de la plausible derrota de la facción Negri se ha acordado para la noche de hoy á las diez en el salón de la Plaza del Olmo” . Mis datos hablan principalmente de bailes y festejos más que de actividad teatral, pero sin embargo se le llamaba casa Teatro. A finales de los 40 ya no se tienen noticias de su existencia, por lo que debemos pensar que en esa época eche el cierre.

     La plaza sin embargo continuó viva, y las risas infantiles competían con las voces que a diario daban los vendedores de cereales (sección que le toco en suerte dentro de la plaza de Abastos que conformaban todas las plazas de la Villa, Barrera del Pan, Damas del Pescado, Magdalena de la Fruta, etc.) En 1860 alguien debió de  
considerar que ya lo merecía, y se decidió empedrar toda la plaza con el consiguiente aplauso de todos los vecinos; vecinos entre los que ya se encontraban personajes conocidos: en el número 3 (edificio hoy totalmente rehabilitado y en el que recientemente ha abierto un negocio de restauración, “suerte”), vivía la familia Pérez Placer en la que el padre era abogado y ya provenía de familia con posibles, lo que da una idea de las bondades de la plaza; pues en 1866 esa familia celebraría el nacimiento de Heraclio: Médico escritor y periodista de notable prestigio quien por cierto había sido alumno de Saco y Arce en el instituto.
A finales del XIX, con paso lento pero firme la ciudad creció hacia otras zonas, por una cuestión simplemente de comodidad, instalar agua corriente luz y alcantarillado en la zona antigua suponía un costo muy elevado, y aunque se fue haciendo, las clases acomodadas preferían no esperar y se trasladaban a Santo Domingo, Progreso, Paseo etc.
Aun así durante mucho tiempo la zona continuó muy activa, instalándose en ella nuevos negocios como la fragua que en 1890 abrió en el nº2 don Ramon Gallego, costureras y bares completaban la escena.

Plaza de Saco y Arce años 60, los niños jugaban alrededor de la fuente de hierro fabricada por la empresa Malingre. Archivo Museo Etnológico de Ribadavia

   En 1892 durante el conflicto de los arbitrios conocido como “de las Verduleras”, en la plaza se vivieron momentos de gran tensión, los vendedores de cereales y sobre todo los que se dedicaban a la venta de hojas de maíz vieron cómo los chavales deseosos de aumentar el desconcierto le prendían fuego a su mercancía, con la consiguiente pérdida económica.
Aunque sea doloroso, no queda más remedio que admitir que con el siglo XX el deterioro de la zona fue una constante, llegándose a situaciones límites. Cuando el tema de la prostitución ya estaba “digamos” asumido, surgió lo que sí fue la estocada definitiva para el barrio: las drogas.  Lo que es una lacra para muchas familias de manera directa, para otras muchas lo fue de manera indirecta. La plaza de Saco y Arce se convirtió en un punto de venta con intervenciones diarias de la policía, no era difícil ver a un drogadicto sofocando sus ansias de….. Escenas que poco a poco alejaron a los vecinos que amaban el barrio. Muchos aguantaron hasta el final y tuvieron la desgracia de tener que pasear sus últimos días entre esas imágenes tan duras; y los descendientes ya ni se planteaban reutilizar las viejas casas.
   Así fue que no quedó más remedio que plantarse ante el problema y comenzar a luchar para encontrar soluciones.  Uno de esos luchadores a los que debemos ese que yo llamo punto de inflexión, fue el amigo  Tito Sabucedo, él al frente de los pocos comerciantes que aguantaron esa situación comenzaron a procurar dar un giro a la situación. Con esa finalidad acudieron a cuantas autoridades había pidiendo ayuda para el barrio. Y parece ser que se ha conseguido, la solución definitiva, aunque no se ha conseguido lleva camino, la gente del barrio, empieza a ver otro ambiente, y puede celebrar en los últimos tiempos la llegada de nuevos vecinos. 
Obdulia Díaz, foto propiedad
de Elisa Glez. Pombar


     Pero no quiero terminar el articulo sin citar a quien iluminó la plaza con su cariño y pasión por los niños, La Abuela Obdulia; ella en los momentos más duros se echó a la espalda la tarea de sacar adelante a los niños del barrio que lo necesitaran, no preguntaba las circunstancias ni le importaban quienes eran los responsables, ella en su momento vio que existía una necesidad y como pudo intentó paliarla, comida, vestido, aseo, estudios, todo lo que podía le daba a aquellos niños que sus madres no podían atender, y tan mal lo debió de hacer que durante toda su vida aquellos niños le llamaron Abuela Obdulia.. (Hoy en el medio de la plaza y para orgullo de la ciudad una estatua la recuerda).


5/1/20

Recordando la Plaza del Hierro "Gente Mayor", La Región

  Comenzamos el año en el suplemento Gente Mayor de La Región dando un paseo por la bella Plaza del Hierro, Todo un lujo que con frecuencia nos pasa desapercibida, viajar enriquece, pero apreciar lo propio tambíen.  Como propósito para este año que comienza, podríamos ponernos:  intentar conocer mejor nuestro patrimonio, descubriremos detalles muy interesantes.

4/1/20

Los Serenos


¡¡¡Serenooo!!!.  Voyy.
¡Las doce y sin novedad....!.

     No puedo confirmar desde cuando en nuestra ciudad se instauro el servicio de serenos, más que nada porque según mis datos nunca llego a considerarse un trabajo reglamentado, o mejor dicho, el Concello que supuestamente debería de ser quien los designara, nunca quiso responsabilizarse. Eso si puntualmente marcaba las directrices y normas a cumplir por estos vigilantes, pero lo que es darles un duro....
 A modo orientativo diré que en 1888 ya eran un grupo bastante nutrido (6???) el de vigilantes que rondaban las calles “principales”, Había el del barrio del Villar, que recorría Colon y Villar principalmente el de la Plaza que cubría Tiendas, Arcedianos, Paz, y la plaza mayor, el del centro Progreso, el de Corredoria, Santo Domingo etc., el dato lo aporta el rotativo Álbum literario, que recoge la noticia “sin confirmar”, de un altercado en una casa de “buenas costumbres y Bellas señoritas”. Como primeros pasos con seguridad nos podríamos retrasar al 1860.     Dejare en manos de profesionales de la historia indagar mas sobre el comienzo de la profesión en nuestra ciudad ya que se hace complicado, por conocerse con anterioridad como vigilantes y aun no como serenos.
    Pero de momento me quedare con alguna de las referencias que en una búsqueda rápida encuentro en la vieja prensa (Gaceta de Galicia), como por ejemplo la de que el Sereno en 1883 fue quien consiguió evitar un incendio en el estanco que había en la calle San Miguel y si bien no pudo salvar el tabaco, los vecinos no corrieron riesgo alguno; o como el muy desagradable incidente que en 1889 recoge El Eco de Galicia: ..”En la calle de la Paz. A las voces de ¡socorro que me matan! Dadas por una mujer, acudieron varios vecinos. Su sorpresa fue grande y mayor su indignación al enterarse de que el sereno del barrio había roto su garrota en las costillas de la que pedía auxilio. Por mucho que “faltase” la apaleada, sobrados medios tenía el agente sin llegar a tanto. Y de justicia es recordar el nombre de uno de los más conocidos serenos de la ciudad: José Rodríguez Pato, en el año 34 el solo con el “auxilio” de su garrote consiguió reducir a tres delincuentes habituales y conducirlos al cuartelillo.

Son muy escasas las fotografías nocturnas que conozco de Ourense, algún edificio iluminado en fiestas (año 35) y esta de la plaza del trigo (año 60),

   Dada la precariedad del empleo, no  queda más remedio que esperar que hubiera de todo en el colectivo, sin embargo a lo largo de la historia son más los buenos recuerdos que los problemas causados por estos vigilantes de la noche. Un chuzo de madera, silbato (pito), una capa y gorra de visera, eran lo que podríamos llamar equipación oficial. Aunque si lo analizamos en detalle, descubriremos que el chuzo se lo agenciaban ellos mismos de una buena rama, recogida en uno de los jardines de la ciudad y a la que poco a poco le iban dando forma quizás fuera uno de sus primeros entretenimientos para las largas noches de vigilia. La capa era de manera habitual reciclada de alguno de los “buenos clientes” que buscando la discreción del profesional no dudaban en regalarle la vieja capa cuando tocaba cambio. Y la gorra, ya era otro cantar, en ocasiones algún chauffeur que la perdía, o algún músico que ya la veía muy ajada y se deshacía de ella; aunque hubo una época hacia la mitad del siglo pasado, que los serenos recibían del gerente de Alfredo Romero capa y sombrero, cuando no era Don Ramón Puga quien cubría sus necesidades. En alguna ocasión extraordinaria era el Concello, pero más por empeño de algún alcalde y/o concejal que de la corporación. Otro tema de gran importancia, era el de la remuneración, que tristemente dependía de la buena voluntad de comercios y vecinos,  y esta no siempre era “mucha”, aunque claro, lo que si había grandes diferencias era en función de la zona cubierta: los del centro sí que se ganaban sus buenas perrillas, entre los buenos comercios, y los varios “randas” que preferían la discreción del vigilante, sin olvidar a viajeros despistados que no encontraban su hotel, las propinas no eran malas. De lo que mejor no hablamos es de coberturas sociales, porque no se sabía lo que era.
No quiero aburriros con demasiados datos, que los hay y simpáticos sobre este colectivo; en 1947 se contaban 17 Serenos en el centro de la ciudad, que ya eran... continuare en otra ocasión,


Aunque se dice que el oficio se extinguió hacia los setenta, este recibo cobrado por Dámaso Feijoo al conocido comercio Windsor, lo contradice aunque bien pudiera tratarse de un error de escritura, el hecho de aparecer como nombre de calles José Antonio y Calvo Sotelo en lugar de Paseo, parece apoyar esa tesis...   (Recibo regalado por Roberto Añel)

...admirabamos la constancia y la fidelidad de esos bravos astures y leales gallegos, que envueltos en su capote y con el característico chuzo en la diestra, vigilaban sin cesar por la tranquilidad del vecindario. Luciano Cid Hermida, el Heraldo Gallego 3 de Junio 1876

3/1/20

Los Reyes Magos, Colaboración de Rafael López Villar

Siempre mágicos los reyes en esa noche llegan para todos los niños.
       Primera colaboración del año y tengo que reconocer que me ha encantado, no sabéis lo que me gusta leer estos trabajos que son fruto de vuestros recuerdos, animaros y usad el blog como algo vuestro. 
Gracias a Rafael López por su generosidad. Esta es su historia que se que os gustara.
    Era el año 1957 y hacía tres meses que había nacido mi hermana. Supongo que la tristeza de lo que había acontecido con el comercio y con mi abuelo debía de lastrar el ambiente familiar, pero si algo no permitieron jamás mis padres, ni en los momentos más difíciles en los que llegar a final de mes era una tarea imposible, es que los Reyes Magos, que para eso eran reyes y eran magos, acusaran de ninguna forma la situación económica familiar. 
    Vivíamos entonces en una casa en la Carretera de Mariñamansa, hoy Avenida de Zamora, no estoy seguro si en el 53 o en el 57 actual. Recuerdo la mayor parte de la casa con una claridad que al parecer es imposible para un niño de cuatro años recién cumplidos, pero con la certeza de haber contrastado esos recuerdos con mi madre. La mayor parte de la vida la hacíamos en la parte posterior, donde estaban un cuarto de estar y la cocina, con una despensa que rememoro de tamaño descomunal, seguramente por contraste con mi tamaño,  y que compartían una galería que daba a la parte trasera, al huerto de Don Ceferino y Doña Rosa. Un huerto al que bajaba con cierta frecuencia a jugar y a comer con ellos “arroz con pollo muerto”, juegos y comidas en los que también participaban mis vecinas de arriba, María Ascensión y  María Esperanza, que eran más o menos de mi edad, las hijas de Chito y Maruja.  Un pasillo largo, largo, largo, con diferentes estancias en su lado izquierdo, el opuesto a la escalera y puerta de entrada, enlazaba con la parte delantera donde estaba el salón principal, que no parece que usáramos especialmente. Pero fue allí, en aquel salón, donde los Reyes Magos decidieron dejar aquellos regalos que serían los de nuestras últimas navidades como habitantes residentes de Orense. Y seguramente lo eligieron porque su puerta estaba anexa a la puerta de la calle y todo era más fácil para dejar los regalos, dado el volumen que tenían.
     Es difícil saber cómo funciona la memoria, en que parámetros se basa para perpetuar unos hechos frente a otros, pero sí sé que si cierro los ojos aún puedo ver, aún puedo asomarme a aquella mañana como si estuviera sucediendo ahora mismo.  Me contó mi madre que había muchos más regalos, pero yo recuerdo cuatro, yo veo cuatro con la claridad engañosa que me hace creer que aún puedo cogerlos. Mi coche de pedales, mi toro, un toro de cartón, con una base de madera y ruedines, más alto que yo, las gafas de mi madre y unas tijeras de costura, largas, en una funda roja.
     Las gafas y las tijeras aún están por casa, mi coche y mi toro apenas pude disfrutarlos unos meses, los que transcurrieron hasta nuestra partida a Madrid para que mi padre empezara su andadura laboral en el Barreiros de sus amigos Valeriano y Graciliano.   En la habitación alquilada, que entonces tuvimos que compartir en una casa en la calle Menéndez Pelayo de Madrid, no cabían ni el coche de pedales, ni el toro, en realidad casi ni nosotros cuatro. Dos juguetes que añoré durante toda mi infancia y que aún hoy recuerdo con saudade, con el anhelo de lo que siendo mío nunca pude disfrutar.
     Aquellos juguetes fueron a parar al chalet de don Fabriciano y doña Matilde, los suegros de mi tío Virgilio, que estaba, y aún está, en la calle del Concejo, para mayor disfrute de mis primos, y allí pude reencontrarme con ellos, ocasionalmente, cuando íbamos a Orense y visitábamos el chalet. Tal vez por esto, o no, para mí la fiesta de los Reyes siempre fue la esperanza no cumplida de otro coche de pedales, la ilusión de descubrir una estancia llena de regalos y al día siguiente iniciar la selección de los que vendrían al año siguiente, la búsqueda, la carta, el hallazgo de última hora. Y aunque nunca más llegó mi añorado coche, aunque esa expectativa nunca acabó de culminarse, siempre recibí regalos que mis padres nunca hubieran podido compararme y que los Reyes se encargaban de que llegaran a mis manos. Algunos, según supe después, construidos por mi padre con sus propias manos. Recuerdo un fuerte, y un garaje de varios pisos que también se quedó en Orense.
               Gracias. Con todo el amor a mis padres que me inculcaron la ilusión, con toda la felicidad de seguir creyendo en los Reyes, con toda la satisfacción de ver a mis hijos y a mi nieta como siguen viviendo la fiesta. Gracias a SSMM los Reyes Magos de Oriente por recuperar lo mejor de nosotros mismos, nuestra infancia, nuestra inocencia, aunque a veces se nos pierda en el día a día, aunque solo la encontremos una noche al año.
A Rafael López Cid Y Consuelo Villar Ferreiro, mis padres.