Ourense y
sus animales
No os preocupéis, esta entrada no es beligerante; de hecho, os advierto que voy a huir del chiste fácil. En la fotografía podéis ver una estampa que no resultaba extraña allá por los últimos años del siglo XIX: las señoras lavando la ropa en el río y un crío lavando al burro. Es curioso pensar que, de alguna manera, esa costumbre persiste: seguro que aún hoy se puede ver a alguien lavando el coche en alguna zona de la ribera...
Burros, bueyes, caballos, cerdos o gallinas….; existen
pruebas gráficas de la convivencia de estos animales (y algunos más) en el
corazón de la ciudad. En Ourensenotempo ya han aparecido
algunas anécdotas: desde la vaca que embarcaron para cruzar el Miño camino de
la feria en el campo de San Lázaro, hasta la orden municipal de 1932 que
prohibía dejar animales domésticos al libre albedrío por las calles. A esta
última se sumó, en junio del 34, la solicitud de Don Arturo Magdalena —concejal
e industrial de la época— de prohibir la cría de cerdos y gallinas en aras de
la salud pública.
Más truculenta es la historia de una “reputada” pensión
de la zona vieja que tenía fama de comprar gatos para eliminar ratones;
casualmente, los días siguientes a recibir un minino, el menú de la pensión
incluía "conejo". Y, por supuesto, la más conocida por los
ourensanos: la letanía de Abelardito, el casero de la Marquesa de Atalaya
Bermeja, quien solicitaba a gritos: “¡Paso a la vaca de la señora
Marquesa!”, en su trayecto desde la finca del Couto hasta la casa de Santo
Domingo. ¡Eso sí que era leche del día!.
De todo el material del blog, lo más espectacular para
mí es la fotografía de Frain junto a un cerdo de un tamaño
descomunal. Poco sé de gorrinos, pero comparados con los que vi durante mi
servicio militar que tenía el Subteniente Vicente en el Cumial, eran
grandes, pero no tanto… O sí?, al fin y al cabo me dicen que Frain era
pequenote, y los sementales del Subteniente daban miedo.
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| Frain y un amigo |
Para completar esta crónica, he rescatado varios detalles de mis lecturas de viejos periódicos, algunos tienen un “tufillo” inconfundible a cuento de pueblo, pero otros conociendo a los “Graxos da Burga”, bien pudieran ser reales:
El primero me suena a real, y cuenta que: En la zona de la Ribeira Sacra y
Esgos, existe la leyenda (con base en registros parroquiales) de que los lobos
eran tan frecuentes que el toque de campanas no solo avisaba a los pastores del
comienzo de la misa, sino también de la cercanía de las manadas. En inviernos
crudos, las fieras llegaban a entrar en los atrios de las iglesias, creando
estampas cinematográficas.
También de esa zona, cuentan historias de: La burra del
afilador. Antes de las bicicletas, el transporte oficial del afilador de
"rueda" era la burra. En Luintra se cuentan historias entrañables de
burras que conocían el camino de vuelta a casa solas desde Castilla o Portugal
cuando el afilador, agotado o enfermo, ya no podía guiarla. Eran socios de un
oficio legendario.
La mayoría de vosotros conocéis la historia "creo"
que real, del perro de San Roque aquel que por olvido hizo en vez de con
madera, con una patata y el resultado lógicamente fue "trágico" para
el perro. Sin embargo y a pesar de ser muy ourensano, seguramente desconocéis
que: durante las epidemias de peste, la gente buscaba a los perros
callejeros para alimentarlos, imitando al animal que salvó al santo. Se creía
que este acto de caridad otorgaba protección divina.
1921 Fotografía real, muestra el paso de los carros cargados con los bocoyes de vino tirados por tracción animal.
Una de las anécdotas que no me atrevo ni a confirmar ni a desdecir es la
que cuenta que a principios de siglo algunos feriantes recorrían las ferias de Laza
o Maceda con animales exóticos, Se cuenta que un vecino, al ver a un
húngaro con un oso encadenado y pensando que era un "perro muy grande y
mal peinado", intentó darle un trozo de pan de centeno. El susto al ver
las garras del "perrito" se convirtió en leyenda local.
Dos de estas historias están contrastadas, la primera es la
que nos recuerda al gran empresario Secundino Feijoo quien como primer número
circense tenía el de una pareja de bueyes entrenados para bailar
acompasados e incluso responder preguntas con movimientos de cabeza. No sé si sería
un espectáculo pero lo que no tengo duda es que nuestros bisabuelos lo que querían
era cualquier motivo para divertirse. Otra anécdota de bueyes es la que decía
que los bueyes de Ourense tenían "oído musical". Los carreteros
afirmaban que trabajaban mejor si se les cantaba o si el eixe do carro producía
un chirrido armónico. Si el carro no "cantaba" bien, los bueyes se
plantaban en medio de la rúa do Paseo.
Y Para terminar, una historia de la que no tengo pruebas pero que,
conociendo cómo se conservó durante años el archivo municipal, bien podría ser
cierta. Existe una tradición no escrita sobre los "gatos del
archivo". Durante años, se fomentó la presencia de gatos entre los
legajos para proteger los documentos de los siglos XVIII y XIX de los ratones.
Estos felinos eran tratados con respeto clerical; se decía que eran los únicos
que conocían todos los secretos de la historia de Ourense, patrullando cada
noche entre los pergaminos.
Si sabéis de
alguna más me encantaría conocerla






















