Consejos y avisos

29/5/26

El Jardín Maternal "Couto" 1943-.....

La valla de madera y las calles sin rematar contrastaban con la instalación en aquel año 43

 Próximo a llegar a los 85 años de

un “jardín” en el Couto

A menudo, las ciudades se explican a través de sus grandes monumentos o sus puentes, pero existe otra historia, más silenciosa y humana, que se escribe en el interior de los barrios. El 28 de julio de 1939, Orense no solo ponía la primera piedra de un edificio; estaba cimentando una de las instituciones que con escaso “ruido” más huella ha dejado en la memoria afectiva de los orensanos. Hoy, con la perspectiva que nos dan los casi 85 años transcurridos desde aquel día, el Jardín Maternal del Couto —originalmente bautizado como "Iglesias Ballesteros"— se nos presenta no solo como un centro asistencial, sino como un hito social que sigue prestando un servicio envidiable a la ciudad.

El Couto de finales de los años 30 era un hervidero de gente. Un barrio populoso, de alma trabajadora y zona industrial por excelencia, donde la necesidad de un espacio para el cuidado de los niños era una urgencia real. La construcción del Jardín Maternal fue recibida como una bendición para las familias que necesitaban un lugar seguro y digno donde dejar a sus hijos mientras cumplían con sus jornadas laborales.

Lo que se proyectó no fue un simple edificio funcional, sino un auténtico oasis urbano. El centro nació rodeado de una extensión de terreno que hoy nos parecería un lujo: jardines cuidados, campos de juego y una zona de bosque que permitía a los pequeños orensanos crecer en contacto con la naturaleza sin salir de la ciudad.

Uno de los grandes orgullos del proyecto fue su piscina. Hoy estamos acostumbrados a las instalaciones deportivas municipales, pero en aquel entonces, contar con una piscina en Orense era algo extraordinario. De hecho, fue la primera piscina pública de la ciudad, aunque con un matiz importante: su uso estaba reservado exclusivamente para los pequeños del centro.

Aquella piscina no era solo un lugar de recreo; se diseñó pensando en el "vigor físico", en una época donde la salud infantil era una preocupación constante. Sin embargo, su historia fue breve. Mantener una instalación de ese tipo en aquellos años no era tarea fácil. Los costes de conservación y los problemas técnicos de la época hicieron que, pocos años después de la inauguración, tuviera que cerrarse, y si no me equivoco hoy sería cuestión de quitar la tierra que la cubre para recuperarla. A esto se sumaba un factor logístico curioso: durante el verano, que era cuando la piscina habría tenido más sentido, el número de niños en el centro descendía notablemente, los abuelos y las vacaciones paternas, solían influir en cambiar la ciudad por el pueblo, lo que hacía que su mantenimiento fuera poco práctico para la institución.

Fotografía publicada con motivo de la inauguración en el diario El pueblo Gallego, 

Más allá de su función como guardería para las familias trabajadoras, el centro cumplió una labor humanitaria fundamental al acoger a niños de familias muy humildes. Eran años difíciles, de posguerra, donde muchos niños se encontraban en una situación de vulnerabilidad extrema. Para ellos, el Jardín Maternal no era solo un lugar de paso, sino un verdadero hogar donde se les proporcionaba algo que el centro definía con una frase hermosa: "el alimento de la ilusión".

Allí, los niños de familias con escasos recursos encontraban no solo comida y enseñanzas, sino juguetes y un entorno diseñado específicamente para ellos, tengo que indagar el tema pero creo que no pernoctaban en el centro. En el discurso de inauguración se mencionaba que muchos de estos pequeños jamás habrían visto esos juguetes de no ser a través de los escaparates de las tiendas de la calle Paseo. Entrar en el centro significaba, para muchos, dejar atrás la precariedad de la calle para acceder a una infancia protegida, con ropa limpia, revisiones médicas en su clínica moderna y una educación que empezaba por los rudimentos del saber y el respeto.

No podemos hablar del Jardín Maternal sin mencionar a su artífice, el arquitecto Mariano Rodríguez Sanz. Supo interpretar perfectamente que un espacio para niños debía ser alegre y luminoso. Su diseño rompió moldes con lo que se estilaba en la ciudad:

Los pasillos de cristal y los inmensos ventanales permitían que el sol entrara de lleno en las salas de clase, creando un ambiente saludable y lleno de energía. El edificio no escatimaba en belleza. El famoso azulejo de la cerámica Zuloaga de Segovia en la fachada, representando a la patrona de la institución, era una joya que espero que a pesar de las sucesivas reformas se haya conservado…

Esos detalles, junto al mobiliario diseñado a medida, hablaban de un "estilo nuevo e infantil" que buscaba dignificar la estancia de los menores. El centro contaba con una sala de estar de estilo vasco y un hall elegante presidido por la memoria de quien daba nombre al centro, José Iglesias Ballesteros. Todo estaba montado con lo que las crónicas de la época llamaban "un gusto refinado", desde la cocina rebosante de limpieza hasta el despacho de dirección.

Los vecinos del barrio se fotografiaban en el entorno de las instalaciones. Lela,_ Pilocha....

El día que se abrieron las puertas, Orense se volcó con la institución. Tras la bendición del vicario capitular de la Diócesis, los asistentes recorrieron cada rincón, asombrados por la modernidad de la clínica sanitaria y el material pedagógico, que incluía algo tan avanzado para 1943 como un aparato de radio en la sala de clases.

Para cerrar aquel día histórico, se sirvió una comida a los niños que quedó registrada como un ejemplo de la atención que se les quería brindar: entremeses, puré de patatas, merluza en salsa, carne rellena y el toque dulce del brazo de gitano. Era la puesta en escena de un compromiso que, más allá de la política de la época, buscaba paliar el hambre y la orfandad en una ciudad que intentaba reconstruirse.

Es admirable comprobar cómo, casi 85 años después, ese edificio sigue en pie cumpliendo su cometido original. Aunque los tiempos han cambiado y las necesidades de las familias son otras, el espíritu de servicio permanece intacto.

Hoy en día, el Jardín Maternal del Couto, reformado y ampliado sigue siendo considerada una de las mejores guarderías de toda Galicia. Ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos, modernizando su pedagogía pero manteniendo esa ubicación privilegiada y esa estructura que Mariano Rodríguez Sanz diseñó para que los niños fueran los verdaderos señores de la casa.

Para los que amamos la historia de Orense, el Jardín del Couto es mucho más que una guardería; es un recordatorio de que, incluso en los tiempos más sombríos, nuestra ciudad fue capaz de levantar edificios destinados a proteger lo más valioso que tenemos: el futuro de nuestros niños. Pasear hoy por sus alrededores, escuchar el griterío de los pequeños jugando donde hace décadas lo hacían otros niños en situaciones mucho más duras, es una de las mejores formas de sentir el pulso de nuestra historia local.

1956, Don José y niñas de 1ª Comunión aún se podía ver en la fachada el azulejo de la empresa Zuloaga. 

28/5/26

La revolución Biscuter

 

La caravana Biscuter a su paso por la gasolinera de Rumbao, en la calle del Progreso

En septiembre de 1955, la ciudad vivió un evento que prometía ser revolucionario: la presentación de los primeros Biscuter. Aquel vehículo, apodado popularmente como "la moto de cuatro ruedas", nacía con el objetivo de dar solución a las necesidades de movilidad de muchos ourensanos.

Este ingenio fue el fruto de la unión de cinco empresas metalúrgicas catalanas, que fundaron para tal fin la compañía Auto Nacional. La premisa era clara: fabricar un vehículo sencillo, barato y fiable. En gran medida, el objetivo se cumplió; su precio superaba por poco al de una motocicleta y su mecánica era robusta. Sin embargo, no estaba exento de limitaciones, como una velocidad punta muy reducida y las dificultades que presentaba para circular en días de lluvia.

En Ourense, la distribución recayó en una figura de renombre en el sector: José Ramón Pérez Rumbao. A pesar de que puso todo su conocimiento y empeño en promocionarlo, Galicia no fue, precisamente, la región de España donde este singular microcoche alcanzó su mayor éxito.




 

27/5/26

No. no dejo el tema


Primera Vespa entregada por Ovidio Feijoo y anuncio sorteo Calzados Castro

        Iba a dar por cerrado el tema, pero he pensado que os gustaría conocer uno de los factores clave que disparó la popularidad de la Vespa. Al revisar la prensa de los años cincuenta, es habitual encontrar crónicas que ensalzan la enorme aceptación de este vehículo entre las jóvenes europeas. Parecía que en Italia, Francia o Inglaterra las regalaran; sin embargo, en España la realidad era bien distinta. Aunque su precio no era desorbitado, la economía de posguerra no estaba precisamente para «tirar cohetes».

Así, a pesar del impacto de éxitos cinematográficos como Vacaciones en Roma —donde la pareja de moda, Audrey Hepburn y Gregory Peck, recorría la Ciudad Eterna sobre dos ruedas—, el cliente tipo de Vespa en nuestro país no fue mayoritariamente femenino. El perfil real era el del trabajador que necesitaba un transporte rápido y, sobre todo, económico. Los médicos rurales fueron sus mejores embajadores, seguidos de fotógrafos, sacerdotes y carteros. En el ámbito local, me consta que fotógrafos de renombre como Rizo, Belay, Mazaira, Cudeiro y Covelo fueron usuarios habituales de estos «corceles» mecánicos.

102 Vespas sorteo en Galicia el Coñac Decano el mes de junio del 1955

Pero hubo otro argumento definitivo para su popularización: el marketing, un área en la que Ourense siempre ha sido puntera. Varios negocios locales organizaron sonadas promociones donde el premio estrella era una Vespa, que incluso se exhibía con orgullo en los escaparates para atraer las miradas.

Ya os he compartido anteriormente fotos de los Almacenes Feijóo haciendo entrega de estos premios (gracias a la generosidad de los hermanos Feijóo, que me han prestado parte de su archivo), pero no fueron los únicos. El histórico Calzados Castro también se sumó a esta tendencia, al menos durante la celebración de su 56º aniversario en 1954, sorteando una unidad entre su fiel clientela.





26/5/26

Y ya puestos ISO- Scooter...

        Y ya para cerrar, por el momento, este capítulo dedicado a los scooters de mediados del siglo XX, os presento un hallazgo curioso: un anuncio de prensa del año 1953. Este documento gráfico pertenece a un conocido emprendedor ourensano que, en su día, decidió embarcarse en la ambiciosa aventura de distribuir una marca que prometía grandes éxitos en el mercado nacional: el Iso.


        Si analizamos las especificaciones de la época, el Iso Scooter podía competir perfectamente en calidad y robustez con los grandes referentes del sector. Sin embargo, su principal hándicap fue el coste. En la batalla del precio, las todopoderosas Vespa y Lambretta eran, sencillamente, imbatibles. Dado que la finalidad de estos vehículos en la España de la posguerra era motorizar a la población con una herramienta de trabajo y transporte que fuera dura, fiable, duradera y, sobre todo, barata, el Iso no logró consolidarse masivamente frente a sus competidoras transalpinas fabricadas bajo licencia en España.

        Un último detalle importante para los coleccionistas y amantes de la ephemera de automoción: no perdáis el tiempo buscándola en mercadillos de segunda mano, rastros o anticuarios. Esta llamativa chapa publicitaria que ilustra el texto no es una reliquia recuperada de un viejo taller; ha sido confeccionada digitalmente utilizando Inteligencia Artificial, recreando el diseño y envejecimiento de una placa de la época a partir de la información del anuncio original.

25/5/26

Otra de Scooters....

  


Al hilo del artículo de este viernes, he descubierto una información que desconocía totalmente: la existencia de serios competidores para Vespa y Lambretta en el mundo de los scooters.

Es cierto que sabía de la marca Iso —e incluso espero poder unir pronto una unidad con matrícula ourensana al grupo de Facebook "Aquellos cacharros Ourensanos"—, pero no era la única. Marcas como Rondine fueron contemporáneas y, por lo que he podido leer, estuvieron cerca de cambiar la historia. Aunque su calidad era superior, su precio también lo era, y ese factor resultó definitivo para su destino comercial.

Mientras sigo recabando datos, os muestro cómo era este vehículo a través de un anuncio del que fue su distribuidor en nuestra ciudad. Una vez más, aparece un nombre omnipresente en el motor local: el Garaje Americano de los Hermanos Vázquez.

Rondine 125 Sport