El Marracú.
Hace años dediqué unas cuantas horas y días a desentrañar la historia que escribió con sangre este personaje: el Marracú, episodio fundamental en la crónica negra ourensana. Como recordaréis, en 1919 la ciudad se estremeció al conocer, primero, la desaparición de un comerciante madrileño; a medida que pasaba el tiempo y avanzaba la investigación, se volvía cada día más evidente que había tenido un cruel final.
No voy a repetir la historia, porque podéis leerla en el blog utilizando el buscador. Hoy, aprovechando que encontré esta fotografía de las que en su día se publicaron para delatar al asesino, voy a recuperar otro de los elementos que circulaban por la ciudad en aquellos años. Recordad también que desde el asesinato hasta la detención del Marracú transcurrieron cinco años, tiempo más que suficiente para que el pueblo le dedicara canciones…algún día dedicaré un artículo a un tema que también me apasiona pero al que no encuentro manera de seguirle la pista: me refiero a las coplas de ciego, también llamadas pliegos de cordel.
Revisando en archivos y redes, puede encontrarse este fragmento:
Inocente Federal, si no vinieras a Orense
y por tu hijo te guiaras, no llevaras esa muerte.
Para meterlo en la mina, arrastrado lo llevaron…
Nos lo cuenta Amelia González Iglesias en la revista digital A Solaina, de la web Seixalbo.com, y se lo debemos a la memoria de su abuela.
La memoria es algo frágil, y por otra fuente me llega esta letra, más larga y seguramente tan válida como cualquiera:
…por tu hijo no lloraras lágrimas de tanto horror.
Él te buscaba en las calles, preguntando con dolor,
mientras cartas falsifican en tierras de Portugal,
para ocultar el destino del infeliz Federal.La codicia del Marracú en su huerta lo enterró,
en una mina de agua el cuerpo sin vida echó.
Mina de piedra y fango, pozo de vecindad,
donde enterraron los cuartos y la santa caridad.La justicia al final destina. Vecinos que me escucháis
en la feria de Orense hoy: guardaos de tratos falsos,
que la vida al hoyo va.
Pero con vuestro permiso, esta tercera versión es para mí la más probable como real de aquellos años. Me la cantó —sí, lo habéis leído bien, me la cantó— mi buen y añorado amigo Adolfo Rego Pérez. Él, aunque poco le faltó, no había nacido cuando ocurrieron los hechos; pero esas cancioncillas eran algo que le gustaba tanto como coleccionar todo lo relacionado con Ourense: carteles de fiestas, coplas de mayos… El caso es que en una de las conversaciones telefónicas que teníamos los viernes, cuando él terminaba de leer mi artículo en La Región, se puso a cantar estas estrofas. No lo esperaba y no pude grabar, pero lo convencí y me fue repitiendo al dictado lo que aquí leéis. Yo tuve el privilegio de escucharlo con el típico soniquete de los pliegos de cordel.
Al rico comerciante, que llamaban Federal,
lo trajeron a Orense para un negocio hacer.
Venía buscando tesoros,
con los bolsillos repletos,
y encontró la sepultura
en los pozos más secretos.Por culpa del vil metal,
un buen hombre se perdió,
en una mina de agua,
el Marracú lo escondió.No busquéis en los caminos,
ni preguntéis en la estación,
que el cuerpo del Federal
está en profunda prisión.
Seguramente que alguno de vosotros tiene otra version, es lo que tienen estas coplas, que cada ciego tenia una y el que las escuchaba, se componia otra, por eso es tan complicado recuperarlas, pero...










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