Dos imágenes que mostraban la barriada General Mola del Couto en aquel año 41.
Aquellos Planes de vivienda
¡Pero!!! No seré yo en este foro quien juzgue las causas, pero lo que sí intentaré hoy es recordar la solución que se dio a ese problema en épocas anteriores. La más reciente es la de la posguerra, y en ella vemos que, ya de manera inmediata, en 1939 se crea el Instituto Nacional de la Vivienda, organismo que sería el encargado de estudiar el problema en cada provincia y proponer soluciones. Estas iban a ser de todo tipo: desde construcción directa por parte del Estado para alquiler, hasta promover que los constructores privados accedieran a ayudas para construir a precio regulado. A eso se sumó la liberalización del suelo, y con todos esos elementos se pretendía crear en todo el país la nada desdeñable cantidad de más de 3.000.000 de viviendas. No se llegó a esta cifra en el primer envite, pero el INE nos dice que, sumando "los planes sucesivos que se fueron desarrollando hasta mediados de los 70", la cifra superó los 4.500.000 de viviendas…
La Tercera vía.
Junto a esos planes de vivienda existió con anterioridad otro plan, que se enfocaba em mejorar en lo posible la vida de quienes estaban abocados a utilizar chabolas e infraviviendas. Que haya conseguido identificar, el grupo mas numeroso fue el del grupo “Martin Ballester”, denominado así en honor del que en aquellos inicios de los 40 era el Gobernador Civil, se trataba de un grupo de pequeñas viviendas de construcción muy espartana, pero que contaba con un pequeño terreno de manera anexa, los usuarios según me comentaban viejos amigos, provenían ya de asentamientos más precarios si cabe; el barrio del Cachete, y la antigua Barbaña, motivo por el que se sintieron afortunados con esa posibilidad. A falta de mas profunda investigación, esas viviendas cuando la situación mejoró, se eliminaron y sus usuarios pasaron a disponer de otras de mejor calidad. Y ocupaban menos espacio????
Hay que citar a nuestra Caja de Ahorros Provincial como motor de la segunda fase, la que tuvo verdadera repercusión en la mente de los ciudadanos. No porque en la fase anterior no hubiera obra, sino porque la calidad y los servicios de esta segunda etapa fueron notablemente superiores. Es probable, también, que ya se conocieran los fallos de la etapa previa y se corrigieran. El resultado: los catorce años transcurridos entre 1961 y 1975 fueron determinantes, y muchos ourensanos pudieron por fin estrenar vivienda.
De la primera fase, el barrio del Couto fue uno de los primeros beneficiados, y la barriada General Mola, su estandarte. Hoy las conozco bien por circunstancias personales, y sin ánimo de criticarlas, debo decir que eran viviendas mejorables; es cierto que se incorporaron detalles originales, como los lavaderos en los sótanos con salida a una zona que, aunque pública, servía para tender la colada. En noviembre del 41 se entregaba la primera fase, de 36 viviendas, y quedaban ya en marcha otras 24. El terreno lo había donado don Francisco Villanueva Lombardero, quien en aquellos años se convirtió en el principal benefactor del barrio; aunque siempre tuvo la precaución de indicar el fin al que destinaba sus donaciones, según mis datos el resultado final no siempre correspondió a lo que él marcaba. En este caso, según las autoridades, sí se cumplió.
En el Couto no fue esta la única actuación: junto a ella se desarrolló la construcción de los pabellones de Fátima, y la de mayor calidad y mayor repercusión, las viviendas de la Caja de Ahorros, que aún hoy llaman la atención por su solidez constructiva (cuentan con divisiones interiores de perpiaño, lo que las hace prácticamente indestructibles, aunque también he oído alguna queja a la hora de modificar las instalaciones eléctricas o de agua).
Construcción en Covadonga
Otra zona que se pobló con las tan necesarias viviendas fue la de Covadonga, en el veintiuno. El emplazamiento elegido tenía la entidad y el entorno adecuados para albergar un pazo señorial, que ya existía entonces y se conserva en la actualidad. Aunque en un principio no se encontraba en el centro neurálgico de la ciudad, ese aislamiento, con la planificación adecuada y voluntad política, tenía solución, que buena falta hacía.
Este proyecto técnico dio origen a una trama urbana con identidad propia, bautizando sus primeras vías con los nombres de Saturno, Mercurio, Urano, Júpiter, Cibeles y Juno. Nunca entenderé por qué, pudiendo honrar a tantos ciudadanos o lugares autóctonos, se recurre a este tipo de nombres para nuestras calles. La mitología está bien traída para algo tan universal como el sistema planetario, pero para una calle sería más apropiado algo más próximo, digo yo: que uno sale de casa a comprar el pan y parece que va camino del espacio. En su momento se convirtió en una zona conflictiva, sin duda por no haberse hecho un seguimiento más riguroso desde los servicios sociales, pero eso ya pasó. Hoy conserva todavía cierta fama de problemática, aunque generalizarlo resulta injusto. En ese barrio tengo algún amigo que, sí, sufre las actuaciones de algunos vecinos, pero ya no es lo que era. Lo que no pongo en duda es que sigue necesitando mejoras e inversión.
Disculpad que este artículo sea solo una pequeña introducción al tema, pues quedan pendientes zonas como el Polvorín, las Camelias, la Avenida de Zamora, Barrocanes, y las más recientes. Pero retomaremos el asunto.














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