Consejos y avisos

20/4/26

Otra restauracion con I.A. Atico Noguerol

Algún día espero que alguien se decida a convertir en libro los dibujos que Ático Noguerol realizó para suplir la falta de fotografías que mostraran edificios y escenas del pasado ourensano. Se convertiría en una joya gráfica que, junto a los textos que los explicaban, nos llevaría a pasear por aquellas calles y entre aquellas gentes: las paveras, el 'gomoso'... (creo que ya un amigo esta en ello)...

No me pude contener de pedir a la IA que diera color a estos dibujos que el tiempo ha ido medio borrando y, personalmente, me encanta el resultado. Es emocionante ver al propio Ático de niño con el foguete en la mano camino de la fuente del Picho, que estaba en la parte alta de los jardines del Obispo Cesáreo. O distinguir perfectamente el edificio de la esquina donde estaba la Sombrerería Francesa y, a su lado, la Relojería de Bodmer.


Esta lámina, aunque no lo parezca, es una auténtica joya porque muestra algo que desapareció hace ya muchos años. Fue un edificio que prestó grandes servicios a la ciudad y, por qué no admitirlo, tuvo un trato deplorable. Es cierto que quienes peor lo trataron fueron los franceses durante la invasión, pero nuestros ancestros tampoco se preocuparon de restaurarlo. Había nacido como convento de los Dominicos, pero los albergó poco tiempo; entre unas cosas y otras se lo apropió el Estado y por allí pasaron desde la Escuela Normal de Maestras hasta la Audiencia. Hoy, el espacio lo ocupa la delegación de Hacienda.


Y para terminar esta serie, aquí tenemos los soportales de la Plaza de las Damas, en la etapa en la que formaba parte del mercado urbano que ocupaba todas las plazas céntricas de la ciudad. Se la llamaba praza do pescado —¿por qué sería?— y también de la fruta... Pero el dibujo de Ático, y alguna fotografía que conservo de ella, la sitúan más bien como el centro de venta e incluso fabricación de cordones: una de aquellas industrias que teníamos en la vieja Auria.



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