Durante años, estos muchachos, de la mano de su director y fundador, el Padre Silva, llevaron el nombre de Ourense por los cinco continentes. Lo que comenzó en 1956 como un refugio y una oportunidad para jóvenes humildes en la finca de Benposta, terminó convirtiéndose en una utopía hecha realidad: la Nación de los Muchachos.
Bajo su lema "Fuertes de espíritu, sanos de cuerpo y limpios de corazón", el Padre Silva no solo creó un circo, sino un modelo de autogobierno donde los propios jóvenes eran ciudadanos con derechos y deberes. El Circo de los Muchachos, que vemos en este cartel de 1967 durante su estancia en el Burgo de las Naciones de Santiago, era el escaparate de ese esfuerzo.
Aquella pirámide humana que hoy recuperamos con nitidez gracias a la IA, no era solo una acrobacia; era el símbolo de una comunidad que se sostenía unos a otros. Desde Ourense para el mundo, estos artistas demostraron que con disciplina y una guía espiritual y humana, no había meta —ni altura— inalcanzable. El fuerte abajo, el debil en medio y el Niño en la cumbre....










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