No os asustéis, no es que haya un viaducto falso y otro real. Lo que ocurre es que, al ser imposible verlo entero hoy en día, tendemos a pensar que el viaducto es solo el tramo que cruza el Miño.
En esta fantástica fotografía publicada por el diario La Noche en 1967, se aprecia casi en su totalidad; solo los árboles de Curros Enríquez y la curva de las Lagunas impedían la vista completa. Actualmente, los edificios que han crecido a su alrededor lo ocultan tanto que parecen dos puentes distintos. Gracias a esta restauración que he realizado con IA, podemos recordar cómo era la calle Samuel Eiján. Fijaos en la acera derecha: al menos dos edificios ya estaban en pie por aquel entonces... del resto, ni rastro.










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