La entrada al Paraíso.
O historia de una escalera
Una de las
últimas veces que pude hablar con la entrañable Olga Gallego fue en un acto
celebrado en el paraninfo del instituto Otero Pedrayo en 2010. Fueron apenas 5
minutos, pero con esa gran mujer eso podía ser un "mundo": los datos
que manejaba en aquella cabeza eran envidiables. No me molesta confesar que
para mí fue un orgullo que Olga se dirigiera a mí. Con su hermana Pilar, e
incluso con su hermano Luis, tenía bastante confianza, pero con Olga siempre me
sentía cortado. El caso es que fue ella la que se dirigió a mí para comentar
una fotografía que en aquellos días había publicado en www.ourensenotempo.com, esta que aquí
os muestro:

Como veis, es la balconada del "Patím Vello", para que nos
entendamos, la que da a Juan de Austria. La imagen muestra varios detalles
significativos. El más obvio, el de las cintas pegadas a los cristales,
colocadas para evitar que la rotura de cristales por la previsible caída de
bombas hiciera más daño del necesario (con eso podemos situar la fotografía en
el entorno de la guerra civil, 1936-…). Pero lo que más llama la atención no es
eso, ni siquiera que al fondo se adivine la fachada de la iglesia de los
Jesuitas, "Santa Eufemia". Lo inesperado es ese edificio que
precisamente la oculta. Mis lectores ya saben que fue uno de los que cayeron
para ampliar esta plaza, algo que se hizo eliminando al menos cuatro edificios.
El caso es que ella me dio de inmediato datos que a mí me había costado varias
semanas de búsqueda obtener. Os recuerdo que a Vázquez Gulías se le encomendó,
a finales del siglo XIX, reformar esta calle buscando su ampliación, e hicieron
falta casi 40 años para verlo hecho realidad.
Con este preámbulo, llega el motivo de este artículo: Olga, supongo que para
animarme a seguir con mi afición por la historia de Ourense, me dio un dato que
yo, y creo que la gran mayoría de vosotros, desconocíamos: aunque no se diseñó
con esa intención, hubo un tiempo en que la entrada del pórtico del Paraíso era
accesible desde el exterior.
Todos sabemos que, hasta hace bien pocos años, el acceso frontal a nuestro
templo era imposible, ya que esa entrada se había dejado como una balconada por
encima de la calle de las Tiendas. El desnivel complicaba dar otra solución,
ante la falta de espacio con las edificaciones que, al parecer, existían allí
desde un principio. No lo puedo asegurar, pero es muy probable que la mayoría
de esas viviendas pertenecieran a gente del clero, como parece atestiguar el nombre
de la calle paralela: Arcedianos, también llamada de la Gloria… Y ya sabemos
aquello de "¡con el clero hemos topado!". ¿Quién se atrevía a
tirarles sus viviendas?
En los años
80 del siglo XX se daba fin a un proyecto que el arquitecto Pons Sorolla había
diseñado para abrir la plaza de San Martiño: se construyó la escalinata actual,
aunque el planteamiento de la solución venía ya perfilado desde años antes. No
era el primer intento: ya en 1927 el arquitecto Antonio Palacios había
propuesto otro plan aún más ambicioso, encargado por el obispo Cerviño. En su
versión más audaz, aquel proyecto llegaba a plantear la construcción de una
gran plaza porticada de 24 por 50 metros cerrada frente a la catedral por un
gran arco, y para conseguir el espacio necesario habría que expropiar y
derribar cuatro edificios de la calle de las Tiendas, nueve de la calle de
Arcedianos y otros dos de la calle Lamas Carvajal, el Liceo estaría
frente por frente con la catedral. Ambos proyectos se basaban en las escaleras para
realizar el acceso.
Sin embargo,
lo que Olga me apuntaba, es que en otros tiempos, los desechos de la propia
obra, junto con otros provenientes de la construcción de edificios cercanos,
fueron amontonándose en ese desnivel, y que terminó generándose un terraplén
que con más ganas que medios se podía utilizar como acceso.
Hoy, gracias
a la inteligencia artificial, puedo mostraros aproximadamente cómo pudo haber
sido esa entrada. Que, por otra parte, tampoco era tan necesaria como pudiera
parecer, y si no estoy equivocado, en el proyecto original nunca se había
planteado que se accediera por esa entrada al templo. La existencia de los
bajos comerciales que aun hoy existen y los que se aprecia fácilmente que se
han cerrado vendrían a confirmar que no hubo intención de construir esa
escalinata.
Recuerdo un
artículo del profesor Eguileta, en el que nos comentaba precisamente que
estudiosos del tema no veían con buenos ojos la apertura de esas terrazas que
tenía nuestra catedral, aun a pesar de que con ello se daba más visibilidad a
la fachada principal del templo. El profesor Pita Andrade reivindicaba, de
hecho, su conservación para poder recordar que esa misma estructura la tenía la
fachada de la catedral de Santiago. Y es que, en efecto, la fachada occidental
de Ourense, al igual que la del Obradoiro en Santiago de Compostela, no se
concibió originalmente como acceso al templo, sino como un gran balcón. Ah, y
también nos daba otro dato que suele pasar desapercibido: Santiago tiene plaza
del Obradoiro y Ourense calle del Obradoiro (Lepanto es la antigua rúa de la
obra, "Rúa operis").
Por último una pregunta: ¿Os imagináis como quedaría
esa zona si los locales comerciales existentes y los arcos que se adivinan en
la pared de esa fachada se abrieran a modo de soportales?. En mi modesta
opinión, la plaza ganaría en espacio, y en estética…. Hay lo dejo…..