Consejos y avisos

27/4/26

Revista Galicia. Argentina

Sigo aprovechándome del trabajo que se puede realizar con Inteligencia Artificial aplicada a fotografías que, de otro modo, resultarían inservibles o mostrarían su contenido de forma muy limitada. Gracias a esta técnica, las imágenes cobran vida de nuevo.

Hoy he estado revisando la revista Galicia, una de las publicaciones con mayor trayectoria en la América de nuestros emigrantes. Probablemente, su longevidad se debió a la colaboración económica de algunos de nuestros paisanos, muchos de los cuales alcanzaron una gran influencia en la Argentina, que era el lugar de publicación

En los años 50, Lebosende fue protagonista de una de las portadas de la revista. Esa fotografía os la muestro hoy sin ningún tipo de retoque, tal como se publicó originalmente.


El Puente de Aceredo apareció en un número de 1923 de la revista Galicia. No deja de ser más que interesante poder recuperar imágenes de esta estructura que la construcción del embalse de Lindoso sumergió en las profundidades, dejando bajo las aguas una parte fundamental de nuestra arquitectura civil.

Gracias a estos registros gráficos, podemos volver a contemplar la fisonomía de un valle que cambió para siempre, rescatando del olvido visual la ingeniería que conectaba nuestras tierras antes de que el progreso hidroeléctrico redibujara el mapa.


En 1924 se publicó una fotografía del valle de Fontey. En esta ocasión, debo pedir disculpas: la deficiente iluminación de la imagen original es, más que probablemente, la culpable de que la Inteligencia Artificial se haya "inventado" una iglesia que no existe en ese valle.

Es un claro ejemplo de cómo la tecnología, al intentar rellenar los huecos de información en sombras tan profundas, puede llegar a crear elementos arquitectónicos ficticios basados en patrones históricos, alejándose de la realidad geográfica del lugar.

Finalmente, presento otra imagen publicada también en 1924, cuyo protagonista absoluto es el imponente Monasterio de Osera. Lo que no tengo del todo claro es si el aspecto tan renovado que presenta en esta versión se debe a la realidad de la época o si es fruto de un "arreglo" ficticio realizado por la Inteligencia Artificial al interpretar las texturas de la piedra.

Al igual que sucedió con el valle de Fontey, el deterioro del papel original y las sombras pueden llevar a la tecnología a "reconstruir" elementos con una nitidez que quizás no existía hace un siglo, abriendo un debate fascinante sobre los límites de la restauración digital.



24/4/26

Bedoya y su entorno

 

Bedoya 1956, para evitar discusiones, ya os digo que el autobus estaba en el cruce con Santo Domingo
fotografia de prensa recuperada con inteligencia artificial.

La calle Bedoya y su entorno: Crónica de una metamorfosis urbana

           La historia de nuestras calles es, a menudo, la historia de una lucha contra el barro, la oscuridad y la desidia administrativa. Al revisar las actas y noticias de principios del siglo XX, queda patente que, a pesar de que la burguesía ourensana apostaba por esta zona para vivir, no fue fácil solucionar las carencias iniciales.

Si retrocedemos en el tiempo, veremos que toda la zona era un entorno puramente rural. Aunque en 1889 ya figuraba oficialmente como calle Bedoya, muchos la seguían llamando "carreiro dos defuntos". Este nombre correspondía originalmente solo al último tramo, el que discurría desde la carretera de Trives hasta la actual Pardo Bazán.

Para 1905, ya se la citaba como una zona con suficientes electores como para tener colegio electoral propio (aunque se desconoce su ubicación exacta). En 1906, doña Robustiana Sáenz obtenía permiso para reparar un muro en la intersección con Santo Domingo, y la calle empezaba a configurarse como el hogar de familias ilustres. Apellidos como los Cachafeiro, Olmedo, Valente o la propia Matilde Lloria residían allí a finales de los años 20. Sin embargo, la calle tenía "dos caras": solo el tramo inicial parecía una vía urbana; el resto tuvo que esperar hasta finales de los años 50 para su transformación definitiva.

Hoy nadie duda de que el empujón definitivo se lo dio la instalación de los Hermanos Maristas. Su regreso a Ourense no fue solo un evento religioso o escolar, sino un motor urbanístico sin precedentes. Tras su marcha durante el periodo bélico, el deseo de su retorno era generalizado; si bien el señor Blanco Vega fue quien más contribuyó, la lista de colaboradores fue extensa. El regreso se produjo inicialmente en unas pequeñas instalaciones en la Avenida de Pontevedra nº 5, pero aquello era solo provisional.

Cuando la congregación adquirió el enorme solar en Bedoya para levantar su centro educativo, la fisonomía de la zona cambió de la noche a la mañana. La calle Valle-Inclán nacía de la mano del colegio. Lo que hasta entonces era una vía de tránsito mixto, con tramos que aún recordaban al Ourense rural, se convirtió en una arteria vibrante. Además del adecentamiento de Bedoya, nacía la calle Valle-Inclán y, años después, Ramón Cabanillas (a costa de que el colegio perdiera su campo de fútbol). Aquel solar fue la pieza del puzle que faltaba para que Bedoya dejara de ser una calle "a medias".

Nacia valle Inclan con el colegio.

Hablar de Bedoya exige también citar su entorno, que necesitó mucho más tiempo para evolucionar. Aunque en 1905 don Justo Villanueva ampliaba su casa en el Camino al Caneiro, la zona seguía siendo un foco de conflictos higiénicos. En 1907, la alcaldía intervino por una denuncia contra la Superiora del Asilo por verter aguas sucias al callejón. El problema no era desidia de las hermanas, sino la inexistencia de alcantarillado. En 1910 se intentó situar la feria de la ciudad en la zona de lo que hoy es la Plaza de los Ramones (actual Plaza de las Mercedes), pero el proyecto se descartó.

La situación en 1913 era deplorable: los vecinos protestaban por la falta de luces y los olores de las cuadras de cerdos. El alcalde Ildefonso Meruéndano dio órdenes "contundentes": la luz llegó en febrero de 1914, pero el traslado de las cuadras quedó pendiente. Ya entonces, la clase política demostraba que algunos temas necesitaban "madurar" demasiado.

Cuatro caminos ya existia pero las obras de Maristas lo modificaron totralmente


 Resulta curioso observar la cronología: hasta 1916 el arquitecto municipal no realizó la alineación de toda la zona. Para quienes conocen esta parte de la ciudad, su trazado sigue siendo difícil de entender hoy en día: el Camino Caneiro nace en la Avenida de Buenos Aires, discurre un tramo por Cabanillas, se convierte en Teluro para retornar a ser Camino Caneiro...

En medio de esa tesitura, en 1924 abría el horno de pan de Jenaro Pérez y, finalmente, en 1925 se celebraba la instalación de una alcantarilla como una gran noticia. Por fin, este "callejón" empezaba a integrarse en la ciudad. Era una zona que, a pesar de pertenecer a familias conocidas como los París, Pedrayo o Espada, tuvo que luchar duro para dejar de ser el "patio trasero" de Ourense.

Aun así, no se dio por terminada la transformación hasta que en San Lázaro y todo su entorno se fueron asentando organismos oficiales, entidades bancarias, oficinas, los más destacados comercios y, cómo no, cafeterías y locales de ocio. El tramo inicial de Bedoya fue durante muchos años el centro de la "movida" o, para ser realistas, una parte fundamental de ella, porque el Parque y Valle-Inclán no le iban a la zaga.

Seguro que estos nombres os suenan, y podeis alargar mucho mas la lista. foto Belay, Atlantes, Gestoria Cidre, Discoteca Nexus, Salon de juegos Texas. que tiempos....

fotografia de José Luis Ferreiro, tratada con I.A.


23/4/26

Presentando a doña Concepción en Uruguay

Fue en 1898 cuando se inauguró la estatua de Concepción Arenal en los jardines del Obispo Cesáreo. Y, si no estoy equivocado, de esa fecha es la fotografía que os muestro. Forma parte del pequeño grupo de imágenes de Ourense que se publicaron en la revista del Centro Gallego de Uruguay..

Como os decía ayer, nuestros paisanos procuraban no perder el contacto y editaban diarios con los que intentaban estar al día de los cambios en su tierra. Sin embargo, no era sencillo conseguir fotografías actuales; por eso, con frecuencia, tiraban de archivo o incluso de las postales que recibían.

Como veis en esta imagen, publicada en 1914, aún no estaban rematados ni el pedestal ni las placas que lo acompañaban; por ello, no es difícil deducir que la instantánea no es de ese año.



Aprovechando otra imagen de ese mismo lugar, pero de años después, me sirve para aclarar que la presencia de fotografías en estas viejas publicaciones sí tiene un gran valor de datación. Sin duda, la imagen no es posterior a esa fecha. Perdón por la obviedad. 

Aquí tenéis a doña Concepción en la Alameda en 1918 y, a su lado, el quiosco de Moure —realmente de Perille—, que pasó a la historia porque se quemó en los primeros días de la Guerra Civil.

 Por fortuna, no hubo daños personales.



 

22/4/26

La Rua de Petín, 1922

Después de 16 años de existencia de "Ourense no Tempo", por fin subo una fotografía de A Rúa; y no es por falta de ganas, sino porque no había caído ninguna en mis manos.

Hoy, gracias a una de esas publicaciones que nuestros paisanos en la diáspora editaban para mantener, de alguna manera, el contacto con su tierra, podemos ver esta imagen del puente romano de Petín.

Salió publicado en la Revista del Centro Gallego de Uruguay en el año 1922. Por si os gusta lo que hace la I.A. con estas viejas imágenes, ahí os dejo su versión.



 

21/4/26

Trafico en el 69...


Una fotografía muy sencilla y que, aparentemente, no tiene valor. Salvo... para recordar que la ciudad tenía prácticamente dos sentidos de circulación en todas sus vías. Si acaso, solo había un sentido en la zona antigua —Colón, Villar, Hernán Cortés y su entorno— debido a la estrechez de las calles.

Pero fijaos en el caos que había delante del parque. Pensad, además, que los coches podían continuar de frente por la calle del Paseo, girar a la derecha hacia Concejo o hacia la izquierda por el parque.

La manera de entenderlo es que, por aquel entonces, el parque móvil era mucho más escaso y, aun así, ¡mirad qué colas!

La Inteligencia Artificial tiene grandes virtudes, pero, por fortuna, también grandes errores. Si fuera perfecta, no nos obligaría a estar atentos. Por ejemplo, los autobuses ourensanos de aquellos años eran de color rojo, y aquí la IA los muestra de verde. Además, si os fijáis, parece que solo se vendían coches en color beigs; ¿estarían de moda o es que la tecnología se quedó sin paleta?