Consejos y avisos

7/12/15

Promocionando OVRENSE Vista de Celanova


Fotógrafo Desconocido
Circa 1908
BDDE1908000066

Vista General de la Villa de Celanova a comienzos del siglo XX
Postal comercio de Pedro Estevez Archivo Biblioteca de la Diputación Provincial Fondo Benito Fernandez Alonso

  Detalles:  Vista Oeste de la Villa de Celanova. Pertenece a las series de postales que encargaban librerías de la zona, a petición de sus clientes. Era una manera de enviar fotos a familiares y amigos que estaban fuera.
Se conocen postales de librerías de Ourense, ( Colección Resvie, con fotografías de Xesta), El Barco, Verin, y seguramente irán apareciendo alguna mas 

4/12/15

Paseando por A Ponte

Fotografía propiedad del Museo Etnoloxico de Ribadavia fondo Guedes de Castro (Xunta de Galicia)  

   Cuando se tiene razón, no hay nada que siente mejor, que el hecho de que te lo reconozcan; y a mí me gusta hacer felices a los amigos.


    Hablando estos días con un grupo en el que estaban dos pontinos de pro, me decían que la zona centro de Ourense aparecía con demasiada frecuencia en ourensenotempo, y que mi barrio de "adopción" El Couto, también estaba bien representado; sin embargo el Puente, Mariñamansa, San Francisco y demás zonas de la ciudad estaban un poco olvidadas. Como digo al comienzo, admito que tienen razón, e intentare darle solución al tema.

   Aunque eso sí, no va a ser fácil. Del puente aun puedo ir solucionando, porque sin exagerar, pero tengo unas cuantas imágenes del ayer, de Mariñamansa, es escasísimo lo que tengo, y de alguna zona no tengo ni la primera. Habrá que seguir buscando.

   Hoy antes de comenzar otra temporada semi vacacional en la que retomare el proyecto del archivo OVRENSE, os traigo una original imagen del Ourensano barrio Da Ponte.

    Supongo que no tendréis ningún problema en reconocer el inicio de la Avda. de Santiago, a la altura del parque da Ponte???.  Los edificios de la izquierda eran más bajitos, pero con el tiempo crecieron…..


No olvidéis visitar la página Web del amigo Manuel Domínguez Quiroga www.Canedo.eu en la que no solo encontrareis viejas imágenes, sino también abundante información del Puente y Ourense, incluso podréis ver un trabajo que le ha debido dar envidia a algún profesional…,  pero bueno ese tema lo dejamos para otro día.

3/12/15

Encuentra las diferencias....

Fotografía del Archivo de Cristina Perez Pintos
   Me han asegurado que con una diferencia de aproximadamente 60 años, estas dos fotos se han sacado desde el mismo sitio.

   Lo que es evidente es que delante de la cámara las cosas han cambiado mucho, ¿no os parece? Para ayudaros en la identificación, os diré que se trata de la calle Ervedelo 80 mas o menos a la altura del Estadio del Couto y seguramente muchos de mis lectores del barrio, puedan reconocer a alguna de las bellezas, o al caballero que posan para el fotógrafo incluso puede que alguno de los de mas edad recuerde la serrería que estaba en mitad de la calle Velazquez, y de la que se ve una parte en la foto.....



2/12/15

Leyenda urbana o realidad

Archivo COTOP Ourense

   Reservaba  esta entrada para el 28 de diciembre que como sabéis es el día de los Santos Inocentes, pero para evitar precisamente la tentación de que penséis que se trata de una inocentada, la he adelantado.

   En varias ocasiones os he comentado los problemas que nuestra vella ponte a sufrido a lo largo de la historia. Podría considerarse que ha sufrido el deterioro típico y lógico del paso del tiempo, pero también es posible que ya naciera con algún problema constructivo o de ubicación.

   Bueno, hoy realmente no se trata de hacer un estudio histórico, si no que mi intención es mostraros algo llamativo.

   Las fotografías de hoy, no precisan de mucha explicación, es evidente que la riada  de aquel mes de febrero del 1966 había tratado con dureza la cepa principal del puente, agrietándola y llegando incluso a provocar que una buena parte de la plataforma se viniera abajo. No quiero pensar como quedo el puente después de la avenida del 1844, la más violenta de la que se tienen datos.

El caso es que ese mismo año 1966 Augusto Pacheco, a modo de inocentada publicó en el diario La Región su “inocentada”, y no tuvo otra idea que terminar de destrozar el puente. Sea como fuera, finalmente con el paso del tiempo, los ourensanos recuerdan perfectamente la inocentada y sin embargo no se acuerdan de que en parte fue un hecho real.
Inocentada de Augusto Pacheco del 28-12-1966
Museo Etnoloxico de Ribadavia, Fondo Guedes Pacheco Xunta de Galicia

1/12/15

El Tio Elio (por Miguel Carballo)


De nuevo y con gran placer, cedo "la palabra" al amigo Miguel Carballo, que nos visita con otra de sus hermosas historias. Espero que coincidáis conmigo y aunque pueda resultar un poco largo para lo que es habitual en el blog, merece la pena dedicarle un momento a su lectura.

 EL TIO ELIO 

Las mujeres lloraron toda la noche,  mientras velaban su cuerpo. Los hombres, en la taberna, en un escrupuloso silencio, bebieron a la salud del difunto. Vinieron gentes de todos los pueblos vecinos a presentar sus respetos. Hacia las tres de la tarde, bajaron el féretro a la calle donde, párrocos y monaguillos, cantaron el kyrie Eleison. Luego, en un carro de bueyes, por sus calles enfangadas y pedregosas, cruzó el pueblo y, saliendo de él, a través de arbolados caminos de barro y hojarasca, seguido por un doliente cortejo, se llegó hasta el cementerio. Tras una misa solemne, entre gritos de dolor y rabia,  entregaron su cuerpo a la tierra. Los perros no ladraron. Ningún ave surcó el cielo aquella tarde. Fue un día muy triste cuando el tío Elío murió.

Elío Miguez Gómez había nacido en Padroso, en los primeros años del siglo XX, en el seno de una familia de clase media, siempre según los parámetros de un pueblo de la Galicia profunda, con una hacienda considerable pero, siendo el cuarto de diez hermanos, cinco mujeres y cinco hombres, lo más que había para repartir era trabajo y precariedad. Como tantos jóvenes por aquella época, dadas las escasas probabilidades de labrarse un futuro por estos lares, emigró a Cuba, siendo apenas un muchacho. Allí trabajo cortando caña de azúcar, en condiciones durísimas y escasamente remuneradas. Enfangados hasta la cintura, andaluces, gallegos o de cualquier región de España, cantaban una tonada, que intuyo nacería, a finales del XIX, en la guerra hispano cubana (con los Yankis a la espera del pastel) donde los españolitos que no tenían 1500 pesetas para librarse del reclutamiento eran enviados a la isla a defender las últimas posesiones del imperio. 50.000 de ellos no regresaron jamás. “No se llama Cuba ni se llama Habana, que es el cementerio de la juventud de España" decía la triste canción. El que, por entonces, emigraba lo hacía con la intención no solo de mejorar sus condiciones de vida sino también, en un acto heroico y desinteresado, las de su familia, ya por que restaban una boca en la bancada o, de conseguir fortuna, remitir a casa unos reales. Y por supuesto se iban con la intención de volver. Muchos se casaron en las Américas, tuvieron hijos americanos y ya no regresaron; algunos nunca, otros ocasionalmente para ver por última vez los lugares y rostros de su infancia. La morriña, que nunca abandona al gallego, les llevaba a escribir largas cartas en las que endulzaban su situación para no causar tristeza y en las que incluían alguna foto con su mejor vestimenta para que las madres presumieran por el pueblo de lo guapos que estaban y lo bien que les iba. Dada la poca presencia de fotógrafos por nuestros pueblos, difícil era recibir  imágenes allá de la añorada familia. Todos deseaban ver lo crecidas que estaban sus hermanas, hermanos, el padre y sobre todo "a naiciña". Varios oriundos de Padroso y otros pueblos cercanos andaban por las Américas. Cuba, La Argentina, en el Brasil tenía Elío un hermano, Serafín y una hermana, Jovita. Como buenos gallegos se reunían, estando cerca, o se escribían para saber unos de otros y que noticias podrían tener de Galicia. 
Tras muchos años de sacrificio y ahorro la situación económica del tío Elio mejoró. Su buena aptitud y cualidades le llevaron a dirigir, como capataz, una plantación de azúcar y pudo así comprarse unas casas para alquilar que le producían buenas rentas. 
Decidió entonces cumplir un sueño largamente acariciado: visitar Padroso. Con él trajo el encargo de retratar a todos los familiares de aquellos que allá quedaban. Se compro una Brownie-E de Kodak, modelo de1948 y hacía el año 50 llegó al pueblo. No se había casado, no se la razón, imagino que Cuba ofrecía atractivos suficientes para no anclar cada noche en el mismo puerto. Es el Caribe, otro clima, otras costumbres, otra moralidad, reglas  menos rígidas, más acordes con las necesidades del cuerpo y el espíritu. Creo que se había enamorado de la misma Cuba. Hablo de la Cuba popular, de mujeres liberadas y hombres sonrientes bailando frenéticamente, a la luz de las hogueras, al ritmo de una música hecha desde, y para, el corazón y el vientre. Esa era su Cuba, la de tejas mojadas y amores verdes; la de la gente sencilla, no la del champan y los corruptos.

Su padre, Ángel, había muerto muchos años atrás causándole una profunda tristeza al recibir la noticia. Tristeza que se acrecentó al llegar al pueblo y ver a su madre, Petra, enlutada para siempre, costumbres de la época, y pasear por aquellos lugares que de chico recorriera con su progenitor.
En esta visita, se enamoró  apasionadamente y cortejó a una moza del lugar, pero no fue correspondido, causándole este revés una honda pena que arrastraría hasta el final de sus días.
Como retratista demostró una maestría prodigiosa. Se trataba de reunir a las familias y fotografiarlas. Buscaba un escenario natural atrezado con puertas, sillas, maíz puesto a secar en los balcones, escaleras, construcciones de piedra y algún pertrecho de labranza. Todos se presentaban con sus mejores galas. No había lugar a la improvisación y poco a la creatividad; todo había de ser rígido, funcional. Nadie quería verse retratado con ropas raídas en la faena diaria, lo que hubiera sido un documento impagable. Aun así, por mucho que las galas disfracen la miseria de aquel tiempo, los rostros llevan las huellas del marco que los rodea. Elío, mi tío abuelo por parte materna, era un hombre bueno y respetuoso. Unos ojos intensamente azules iluminaban un rostro sereno, amable y sonriente. Se volvió para cuba entre muchas lágrimas y la promesa de volver, llevando en su equipaje los jirones de un amor que no cuajó y las preciadas fotos que allende los mares los emigrados recibirían con júbilo y que, indefectiblemente, les llenarían de añoranza.
La historia de amor del tío Elío con Cuba acabaría abruptamente nueve años más tarde con la llegada de la revolución de Fidel y sus barbudos. Abolida la propiedad privada y al serle confiscada la suya, aunque su vida nunca se vio amenazada pues era querido y respetado por todos, ante un clima de beligerancia constante, con la isla hostigada por los yanquis, hombre pacífico como era, decidió volver a Galicia. Mis recuerdos de él son de niño. No había traído fortuna pero si una dolencia que se manifestó al poco tiempo y que acabó postrándole en una cama, en la casa familiar. Su madre había muerto poco después de su última y única visita, y fue cuidado por su hermana más joven, mi tía abuela Obdulia, un ser excepcional, con un sentido del humor y una bondad que de ser contagiosos arreglarían el mundo en un instante. Encamado, consumiéndose por una dolorosa y cruel enfermedad, rodeado de medicamentos ineficaces, seguía siendo el más bondadoso de los hombres. Siempre buenas palabras, bromas, ni asomo de acritud en su mirada, nunca te dejaba marchar sin alargarte unas monedas. 

Este es mi humilde homenaje a uno de aquellos valientes que se aventuraron a dejar su tierra buscando una vida mejor en lugares que hoy están a pocas horas de viaje pero que, por aquel entonces, era toda una odisea llegar a ellos y, una vez allí, nada te garantizaba el pan, el agua, ni siquiera la supervivencia. Y es la historia de un reportero ocasional que nos ha legado instantáneas de unas gentes, un tiempo y un lugar que de otro modo tendríamos que imaginar.