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5/5/15

Negocios con Historia VI La churrería de la calle Peligro (José Luis Novoa de Mena)

Doña Ángeles, fundadora del negocio.
    Sabéis que disfruto recuperando estas historias de nuestra Auria, pero cuando los propios protagonistas me las cuentan, se convierten en un autentico lujo. 
    Creo que somos muchos los ourensanos que recordamos este pequeño pero "sabroso" negocio, incluso mas de uno es posible que gracias a la paciencia y madrugones de doña Lola, tuviera su primer proyecto empresarial. (en muchos casos era una manera de recaudar dinero para el viaje de fin de curso; el negocio consistía en revender churros por las casas los domingos a la mañana. Había quien atiborraba a la familia de churros y quien con visión mas comercial, dedicaba la mañana del sábado a tocar puertas para intentar conseguir encargos y trabajar a "churro vendido", los mas avispados hasta los cobraban por anticipado y....). Pero que sea José Luis quien nos cuente de primera mano como fue la historia de:  

La Churrería de la calle Peligro

    Mis abuelos Ángeles y Manuel eran de Morales del Vino (Zamora), mi abuelo trabajaba en Correos y vinieron a Ourense cuando lo trasladaron; aún no existía la sede actual de Correos y mi abuelo trabajaba en la oficina que estaba en la antigua calle del Alba, hoy llamada Alejandro Outeiriño. Poco antes de la guerra, murió y mi abuela se tuvo que buscar la vida con las 8 (Carmen, Angeles, Ramona, Esperanza, Dolores, Soledad, Mercedes y Petra) niñas que tenía y justo después de terminar la guerra (1939) decidió alquilar un bajo y montar una churrería, no tenía ni idea de lo que era hacer churros ni empanadillas, pero era una superviviente y se lanzó para poder sacar adelante a su familia.
Lolita con el narrador de la historia

 Y así fue como comenzó la historia de una de las churrerías con más historia de todo Ourense, 70 años haciendo los mejores churros y empanadillas.    En ese mismo bajo, donde se hacían los churros y las empanadillas, vivían mi abuela y sus 8 hijas, allí comían y cenaban, ellas, mi tio abuelo Angelito, al que tampoco conocí y todo aquel que se apuntaba, que en aquella época de hambruna, eran bastantes los que lo hacían, todos apelotonados en un espacio diminuto. No tenía agua corriente, en As Burgas se surtían del, agua caliente y en la fuente de la Plaza de San Marcial iban a por el agua fría. 
   Los churros se hacían y se freían en la churrería, las empanadillas se hacían en la churrería, pero se horneaban en alguno de los múltiples hornos que había por la zona (solo en las Burgas había 4 Camilo, Rosa, Canoniga...), pero muchas veces tenían que ir a hornearlos a un horno que estaba después del Jardín del Posío y si daban con algún guardia cabrón no las dejaba atravesar el parque y tenían que rodearlo, por ir cargadas como burras con las bandejas de las empanadillas. 
Al fondo la Churreria en una fotografía de Augusto Pacheco (M.E.R.)
   Vendían churros, empanadillas (de anguilacho, en aquella época un pescado barato) y vendían también copas de aguardiente y licor café. En aquellos tiempos, según me cuenta mi madre, muchos jóvenes y no tan jóvenes fiesteros, pasaban por allí a tomar churros, empanadillas y las copas que les servían mi abuela y sus hijas... A peseta la copilla. 

   En los años 40/50, mi abuela tuvo la idea de vender las empanadillas en el tren que iba de Ourense a Monforte, por lo que me cuenta mi madre, una línea muy transitada, llena de militares y en la que siempre se agotaban las existencias. No sabe muy bien por qué, pero en una época estuvo prohibido hacer empanadillas en la ciudad y mi abuela y dos de sus hijas iban a Ribadavia a hacerlas y luego volvían a Ourense cogían la línea de siempre y las vendían en el tren que iba a Monforte, también iba mi tío Angelito vendiendo gaseosas. Años más tardes mi madre también se dedicó a hacer roscones por encargo, un mes antes de tener a mi hermano Miguel (tiene 58 años) llegó a hacer 50 roscones en un solo día, eso sí, trabajando de sol a sol. En la Plaza de Abastos empezaron a vender churros y empanadillas en el año 71, se acuerda de la fecha porque tenía yo 7 meses, fue justo después de morir mi abuela.
Lolita en los últimos tiempos del negocio.
    Allí tuvieron dos puestos de venta, mi tía Angelines, en la parte de arriba y mi tía Petra, que años después se convirtió en un kiosco en el que vendía, aparte de los famosos churros y empanadillas, todo tipo de chucherías.

   Cuando estaba en Ourense el Regimiento de Infantería Zamora Nº 8, cada vez que celebraban algún acontecimiento o fiesta, contrataban a mi familia para que fuesen al cuartel de San Francisco e hiciesen allí los churros para todo el regimiento. Fueron años duros y difíciles, en los que no se tenía prácticamente nada, pero gracias al coraje, al tesón y al trabajo de mi abuela, como dice mi madre, ellas nunca pasaron hambre. Mi madre ya tiene 85 años, una gran memoria y por suerte de cabeza anda muy bien, pero lo de las fechas exactas no lo tiene muy claro, asocia las fechas a los acontecimientos importantes para ella.
Foto Casi actual de José Luis

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