El comienzo. Kaifer & Garaje Americano
Camino de los 75 años.
En el mundo del motor, nadie duda de que el SEAT 600 ha sido el coche más icónico para los españoles; sin embargo, en el ámbito de las dos ruedas —y a pesar de ser un scooter—, la Vespa reina de forma indiscutible desde 1946.
Como ocurre con la mayoría de los grandes inventos, la Vespa nació de la necesidad, ofreciendo una solución ingeniosa a los retos de su época. En primer lugar, facilitó la movilidad con un vehículo asequible durante los difíciles años de la posguerra. En segundo, priorizó la fiabilidad sobre la velocidad, apostando por una postura de conducción excepcionalmente cómoda.
La sociedad europea no tardó en adoptarla. Fue celebrada como un vehículo ideal para el público femenino, ya que permitía conducir con la naturalidad de quien se sienta en una silla. No obstante, no fueron las únicas en caer rendidas a sus encantos: los médicos rurales sustituyeron burros y caballos por este nuevo medio de transporte. A ellos se sumaron rápidamente —no sin esfuerzo, pues aunque barata, suponía una inversión— carteros, fotógrafos y sacerdotes de todos los pueblos de la geografía española.
Hablar de la Vespa en Galicia exige una parada en Vigo, la tercera ciudad de España en contar con un concesionario oficial de la marca. Este hito llegó de la mano del empresario Luis Kaifer Olona, una figura incansable que ya había cosechado éxitos en diversos sectores.
Su trayectoria pública comenzó en 1925 como representante en Galicia de la sociedad Tubos Forjados de Bilbao (no lo puedo asegurar pero creo que tenía orígenes vascos). Además de su faceta empresarial, Kaifer destacó como un deportista activo y un firme colaborador en el fomento del deporte local, lo que le valió el reconocimiento y el respeto de la sociedad de la época.
Con el incipiente desarrollo de la automoción, Kaifer apostó decididamente por el sector. Grandes firmas le confiaron sus representaciones, convirtiendo su almacén en un punto estratégico para todo tipo de componentes, desde frenos y amortiguadores hasta neumáticos de marcas como Pirelli o Firestone. En cuanto a vehículos, distribuyó con éxito marcas como Fiat, Dodge y Ford. Balilla y Topolino fueron otros de sus éxitos.
Su influencia también fue clave para la provincia de Ourense. Hacia 1954, apenas un año después de asumir la representación de Vespa en Vigo, Kaifer detectó el creciente mercado ourensano. Para atender esta demanda, llegó a un acuerdo con el Garaje Americano, ellos colaboraban en las ventas y Kaifer enviaba a mecánicos especializados varios días al mes, garantizando así el servicio técnico oficial en la ciudad de las Burgas. Sin embargo, el servicio técnico puntual no era suficiente; el éxito de ventas de la marca hacía imprescindible un concesionario oficial en la ciudad. El encargado de asumir este reto fue Rogelio Fernández, quien creó la firma FERQUIN, Fernández-Quintas, apellidos de sus hijos.
Rizo, era uno de los usuarios de este vehículo, pero al mismo tiempo, cuando veía uno por las calles no podía evitar fotografiarlo
El negocio nació inicialmente en la calle Progreso, junto a la confitería Milhojas, pero pronto se trasladó en busca de mayor visibilidad a la calle del Paseo. Allí, Ferquin ofrecía un catálogo propio de la época, donde convivían las flamantes Vespas con las máquinas de coser Refrey o las lavadoras Bru.
Gonzalo Belay, se marchaba de vacaciones y demostraba que la Vespa era un vehiculo familiar. Ademas de llevar todos los pertrechos que usarían en el Camping (incluida la pelota de playa), su mujer y su hijo lo acompañaban. Toda una proeza
De aquellos años queda una curiosa anécdota, relatada por José Antonio Feijoo, sobre la sana rivalidad —el "pique"— entre Ferquin y JELASA (Jesús Lago y Lago), el distribuidor de Lambretta. Uno de los grandes argumentos de venta de Ferquin era la seguridad: criticaban que el faro de la Lambretta, al ir fijo en el escudo, no iluminaba el trazado en las curvas. Por el contrario, la Vespa, al llevar el foco integrado en el manillar, permitía dirigir la luz hacia donde apuntaba la rueda, una ventaja competitiva que se convirtió en todo un lema de la casa.
El siguiente paso en esta historia (circa 1962), llegó de la mano del célebre: Delio Rodríguez, quien supo ver en la Vespa el complemento perfecto para su especialidad: las bicicletas. Así, durante un tiempo, la avenida de la Habana fue testigo de la convivencia entre las monturas de Orbea y los motores de Vespa.
Sin embargo, esta alianza no duró mucho. A Delio se le presentó la oportunidad de introducir en sus tiendas una gama de «vehículos de grandes usuarios» a la que no pudo resistirse. Me refiero, por supuesto —valga la broma—, a las sillas y los coches de bebé, que acabaron desplazando a las motocicletas en su escaparate.
Anuncio y precios de aquellos tiempos
Nos acercamos a la actualidad, que supone el periodo más longevo de un distribuidor de la marca. Me refiero a Hermanos Abad, una firma que ya contaba con gran experiencia: desde el año 1958 distribuía marcas como MV Agusta o B.S.A., todo un lujo. La mayoría los recordamos en la avenida de las Caldas, a la entrada del Puente Viejo, pero también tuvieron una exposición y venta en la calle Concejo antes de trasladarse a su ubicación actual en la zona universitaria.
Ellos gestionaron la marca hasta el siglo XXI y, bajo su dirección, la Vespa vivió su momento de mayor esplendor. Hoy la concesión está en manos de Motos Ucha, pero eso ya forma parte del presente.
Esta es la responsable de este artículo, y de la creación del grupo Aquellos Cacharros ourensanos, en Facebook, con el que unos 9000 ourensanos estamos recuperando las imágenes de vehículos con matricula de nuestra provincia anteriores a los años 70. A día de hoy se conocen mas de 1000 vehículos de esa época.



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