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6/11/15

Crónica negra Ourensana XIV "Muertes de Osera"

Única fotografía que he conseguido encontrar del Baldaquino de Osera (Fotógrafo José Pacheco)
Aunque el tiempo lo ha intentado borrar, es imposible que desaparezcan de la memoria unos hechos tan lamentables como los que aquí recordamos.

   Imprescindible situarnos en el entorno histórico para comprender lo ocurrido:
   Aunque sea de manera escueta, debemos recordar que aquel año 1909, reinaba un joven Alfonso XIII, y el gobierno lo presidia el Conservador Antonio Maura.  Los enfrentamientos entre estamentos sociales, estaban a la orden del día; las clases altas pugnaban por continuar ostentando el poder político  en una opaca alternancia (caciquismo) entre Liberales y Conservadores, mientras la clase trabajadora reivindicaba cambios sociales.
   En Galicia era el movimiento Agrario representado por Solidaridad Gallega, quien abanderaba la lucha contra el caciquismo y exigía la abolición de los foros.
   En torno a todos estos grupos giraban los titulares de una influyente prensa que no dudaba en tomar partido, cuando no era directamente portavoz de estos. Así nos encontramos enfrentados a dos  diarios Ourensanos, “El Eco de Orense” y  “El Miño”.
    El Eco de Orense fundado en 1880 por el diputado Liberal Vicente Pérez  al servicio de su ideología política; comenzó a cambiar de tendencia, al hacerse cargo de la dirección Don Valentín Lamas Carvajal llegando a convertirse en portavoz de los Conservadores y los poderes eclesiásticos; en aquel fatídico año 1909 era Modesto Lamas quien dirigía el periódico.  Ante ese cambio, Vicente Pérez en 1898 funda “El Miño” y desde un primer momento los enfrentamientos entre las dos cabeceras son continuos, la dirección en aquel año la ejercía el escritor Francisco Álvarez de Novoa.
Es en ese escenario, donde ocurren los hechos que voy a intentar narrar:

Osera 1931
   A comienzos de  1908, al arquitecto municipal y diocesano, señor Gulias, informa al Obispo Illundaín  del estado de los trabajos de reforma en los templos de la diócesis. En ese informe se comenta el deterioro que muestra el baldaquino  que preside el altar mayor de la iglesia de Osera  y  la conveniencia  de retirarlo.  El exceso de proyectos, hace que no se tome una decisión, hasta que en la visita pastoral de ese año, el prelado observa directamente el estado de la pieza, y de nuevo solicita el informe del arquitecto, y en esta ocasión también de la Comisión provincial de Monumentos. Los tres coinciden en que el estado de las piezas aconsejaba su retirada.
   En torno a Febrero de 1909, el ecónomo con carpinteros de la zona comienza los preparativos para desmontar la pieza sin ningún tipo de conflicto, hasta que en la misa del domingo la mayoría del pueblo se entera de lo que se estaba realizando y deciden hablar con el sacerdote para que paralice las obras hasta que ellos se reúnan con el obispo.

  Esa reunión se produce pocos días después, encabezando la comisión vecinal , el Juez de Punxin, Don Aquilino Sánchez; aunque aparentemente parece llegarse a un acuerdo, es evidente que no es así, ya que la actitud de los vecinos aconseja al párroco que abandone la iglesia, al tiempo que no es posible encontrar carpinteros que continúen los trabajos.
Estando así la situación, comienzan los diarios ya mencionados, a tomar partido colaborando a caldear el ambiente; la cercanía de las elecciones municipales e incluso una antigua leyenda   (se decía que una paloma de oro anidaba entre las figuras que adornaban el Baldaquino) se encargan de terminar de preparar el escenario.
Fuente de Osera en el bosque del Posío, hoy en Obispo Cesáreo
Fotografía José Pacheco (Museo Etnóloxico de Ribadavia)
   El 22 de abril de 1909, por orden del Gobernador Sr. Alonso Zabala una fuerza compuesta por veintidós Guardias al mando del teniente Salinas escolta a unos carpinteros reclutados en el Círculo Católico Ourensano.  Al llegar al monasterio se encuentran con un gran número de vecinos dentro del templo,  con la  intención de no permitir la realización de los trabajos.
    Después de un  tenso debate los carpinteros deciden regresar a Ourense sin tener ningún tipo de oposición, y las fuerzas de seguridad en principio comunican su intención de aguardar órdenes retirándose a comer.

   Al poco de retirarse la fuerza pública, los vecinos comenzaron a desmontar y quemar delante de la iglesia los andamios que semanas antes habían colocado los carpinteros del pueblo, siendo este acto interpretado por el mando de la fuerza pública como una provocación a la que se respondió según unos,  disparando directamente a matar, según otros advirtiendo hasta en siete ocasiones que de no disolverse la concentración se dispararía.

   El resultado ya lo sabemos NUEVE muertos y al menos 27 heridos graves.

Los días siguientes fueron de una enorme tensión ya no solo en la provincia, si no que a nivel nacional hubo grandes discusiones en el Congreso.  Eugenio López Aydillo,  Ourensano redactor de “El Heraldo de  Madrid”   y colaborador habitual del también madrileño  “El Liberal”,  apoyaba al diario “El Miño” en su debate con el “Eco de Orense”.  Y el partido liberal aprovechaba la gravedad de los hechos para recriminar al gobierno.  El Obispo discretamente se refugió en el convento Alaricano de las Clarisas y la ciudad vivió varias jornadas de protesta que obligaron al gobernador a pedir apoyo de las fuerzas armadas de toda Galicia.

Los altercados en la ciudad fueron de extrema violencia, destacando los ocurridos delante del edificio que ocupaba el Colegio Marista, cuando desde el contiguo edificio del Circulo Católico (hoy desaparecido), se efectuaron varios disparos que provocaron las iras de los manifestantes; estos, apedrearon los dos edificios por ser de titularidad episcopal,
En la imagen de Vida Gallega un Guardia Civil vigila el edificio con muestras de impactos en las ventanas
   Cuando parecía que todo comenzaba a calmarse, corrió entre la ciudadanía la noticia de que el obispo regresaría en breve a la ciudad, y así el día 4 de mayo se convoca una manifestación de protesta, pero en una desafortunada decisión el obispo regresa el día siguiente, poniendo en serio riesgo su vida.     Finalmente las fuerzas consiguen garantizar su protección, pero todos los edificios de la ciudad con el relacionados son pasto de las iras de sus detractores. El edificio del Circulo Católico, el Seminario  y en especial el edificio recientemente ocupado por los HH Maristas en la calle del Paseo (actual subdelegación de defensa), terminan con todas las ventanas rotas y varios intentos de prenderles fuego,  por fortuna a pesar de la crudeza de los hechos, no se tuvieron que lamentar nuevas víctimas. Pasado ese día de revueltas, poco a poco se fueron calmando los ánimos aunque a finales de mayo continuaba la ciudad bajo control del ejército, y los edificios públicos con protección.

Aún hoy existen encendidos debates culpabilizando a unos y a otros; revisando las informaciones de aquellos días, desde mi punto de vista, existieron demasiados intereses enfrentados, que al final se llevaron por delante la vida de nueve personas, eso es lo verdaderamente grave.



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