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25/3/14

La Carmola (de Padroso); Miguel Carballo fotos y texto

Fotografías propiedad de Miguel Carballo
Parecía un personaje Valleinclanesco. Era de cuerpo menudo y rostro casi caricaturesco, con una nariz grande y colorada y una dentadura ruinosa que exhibía con un desparpajo que movía a chanza. Un alma hermosa en un cuerpo poco agraciado
   Entre mis lectores, algunos comparten conmigo el gusto por los retratos de personajes del ayer;  escritores, ideólogos, políticos, empresarios, acompañan entre mis archivos a otra clase de personajes, que con más o menos fortuna en la vida han formado parte de la historia de nuestro Ourense; son esos que yo llamo entrañables.
   
    Hace unos días mi amigo Miguel Carballo, me “presento” a una señora que no tuve la suerte de poder conocer en vida, pero gracias a sus fotos y textos que está recopilando; a costa de exprimir las memorias de su entorno, ya es como si la hubiera conocido.

El otro día la "lleve" al programa de Nora, y hoy os la presento de forma oficial en el blog. Aunque será Miguel Ángel Carballo quien lo haga por mí. (Tengo varios textos que compartiré con vosotros, pero este que encabeza la entrada es el que más me gusta).



   Tuvo algún novio de joven, con uno incluso se dijo que llegaría a casarse, pero ella era demasiado libre y vivió a su manera; como le dio la gana. Se acostó con quien pudo y eso no fue poco. Se bebió todo el coñac de las botellas y más, hasta regresarse al pueblo de alguna fiesta y dormir donde la borrachera la tumbara, aun que el frio fuese de guadañas.
 Trabajaba más que cualquiera. Tenía un hermano aquí y otro en Washington. Trabajaba las tierras de su hermano de sol a sol o bajo la lluvia hasta calarse y luego iba a secarse a la lumbre de cualquier vecino fingiéndose con sueño para pernoctar allí mismo.
 Su hermano desde Norteamérica se compro la casa más grande del pueblo, (que no la más rica). Se la arrendaron a un medico de Ourense que fue a ejercer allí. Si el médico tenía que desplazarse lejos a horas intempestivas era  Carmola quien a lomos de una cabalgadura, le llevaba donde quiera que fuese. Al pasar los años y una vez que su hermano y Carmola quisieron recuperar la casa como quiera que el médico económicamente pudiente se negaba a abandonar la casa, fue que llegaron a pleitear. El hermano emigrante que gozaba de buena posición puso los medios y la casa volvió a  sus dueños. Aunque Carmola prefirió vivir en su más modesta casa de la cima del pueblo, buscando quizás su parcela de independencia y no fue hasta sus últimos años, que se bajo para la casa grande y se dejo cuidar por su sobrina; por desgracia esta le precedió a la hora de morir; su sobrino político, por trabajo y por ser un hombre no pudo dar a la anciana Carmola los mimos que a esa edad se requieren.


A pesar de su azarosa vida vivió hasta edad avanzada y sin ceder un ápice en sus  pretensiones de combatir el tedio con un buen trago. Si dios le hubiese dado la gracia de ser poeta, hubiese sido como la atormentada Emily Dickinson,  o la rebelde y libertina Wallâda Al Muskafi; pero porque ella así lo quiso, su vida fue un tango y ella un poema.

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