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20/11/12

La Ferrocarrilana en Auria

Antiguo Hotel Roma a comienzos del Siglo XX
    Hablar de una diligencia, para los de mi generación, es recordar el Oeste Americano, los indios,  los vaqueros, Yul Brynner y John Wayne. Raro es que se nos ocurra pensar que aquí también tuvimos una época en la que para viajar se usaba la diligencia.

   Andando se llega a Roma, pero es muy lento; a burro, caballo u otro animal “cabalgable” (no sé si me habré inventado otro palabro), es más rápido, pero…  Fue en 1816, cuando en España comenzó a utilizarse el coche de caballos para transporte público.
 Se trataba de grandes carromatos capaces de acoger a una veintena de viajeros y tirados por una reata de hasta doce caballos. Galicia (como casi siempre) tardo un poco más en disfrutar de ese servicio (con empresas; a título particular probablemente nuestro carro de bueyes, fuera anterior a todos esos inventos), del primero que tengo noticias, allá por el año 1830, es del servicio que unía Santiago con Coruña, seis o siete horas de un traqueteo infernal, ofrecido por las diligencias de La Ferrocarrilana, que así  se llamaba la empresa.
   Cuentan las crónicas, (pero habría que investigar a fondo, el tema puede ser muy interesante, y seguro que ameno), que surgió la empresa como un complemento del Ferrocarril, la construcción de líneas requería su tiempo, (fijaros en el Ave), pero se quería aprovechar el servicio lo antes posible; eso obligo a que tren y diligencia convivieran durante mucho tiempo.  Si un Ourense-Madrid en diligencia suponía cuatro días de viaje, al iniciar este servicio combinado se podría realizar perfectamente en tres, Madrid Zamora en tren, Zamora Ourense en Diligencia.

   Pero vayamos al motivo de la entrada, que es concretamente, la empresa La Ferrocarrilana. Su nacimiento, fue como digo, a la sombra del tren, y su papel se suponía secundario. Sin embargo poco a poco fue creciendo, y se convirtió en imprescindible; al servicio de diligencia, se unió el de restaurante, y al poco tiempo el de hotel, (incluso existía la posibilidad, supongo que por una buena suma, de que en el tren viajara el coche, para continuar viaje al llegar al final de línea, sin contar con los servicios del lugar, o si acaso, utilizar las caballerías).  Para dar esos servicios, o bien se llegaban a acuerdos con empresarios locales, o la propia empresa afrontaba directamente la inversión; en Coruña y Ribadeo por ejemplo existió el Hotel La Ferrocarrilana.
Cartel de la empresa, La Ferrocarrilana, servicios  de linea Ourense-Verín (ampliación de la foto de portada)
   Ourense no fue ajena a estos servicios; y desde un principio existió una vinculación entre esta empresa, y nuestro Hotel Roma (es posible que ya en la etapa anterior, existiera relación, cuando el Hotel era la fonda de Cuanda), que hizo innecesaria la inversión de la empresa en nuestra ciudad; al hacerse el Roma cargo de todo; de hecho aun después de abierta la línea hasta Madrid, durante años hubo coches que desde la estación trasladaban a los viajeros directamente al Roma. Y el matrimonio Arias y su hijo Leopoldo mantuvieron la atención al restaurante del ferrocarril, cuando estaban al mando de las cocinas del Roma.

   Lo único que tuvo que montar la empresa La Ferrocarrilana en Ourense, fue una pequeña administración, que como no; estaba al lado del Hotel Roma, como podéis ver en el recorte de la postal de principios del siglo XX, que encabeza esta entrada.

   A Ourense también venían la empresa El Volador (Vigo-Ourense) para enlazar con Madrid; y la de Manuel Sotillo (Vigo- Valladolid).

   En el fantástico texto de Alejandro Pérez Lugín, “La casa de la Troya”, ya nos habla de La Ferrocarrilana, y don Ramón Otero Pedrayo en su Guía de Galicia hace lo propio.

   Otro día seguiremos con el tema.

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